Modalidades de tratamiento II

Las radiaciones ionizantes utilizadas en Radioterapia, pueden administrarse básicamente de dos formas:

1- Desde FUERA de nuestro cuerpo que es lo que se conoce como RADIOTERAPIA EXTERNA o Teleterapia, en la que la fuente de irradiación se encuentra LEJOS (de ahí el prefijo “tele”) del paciente y viene representado principalmente por los Aceleradores Lineales de Electrones. (Imagen de arriba). Esta modalidad de tratamiento es la que más comúnmente se utiliza y precisa de los pasos de simulación, planificación y verificación antes mencionados. Se aplica en forma de sesiones diarias de lunes a viernes durante un número determinado de días. 
2.- Desde DENTRO de nuestro cuerpo utilizando algún instrumento para introducir un elemento radiactivo que es lo que se conoce como Radioterapia Interna, Curieterapia (en honor a Madàme Curie) o BRAQUITERAPIA, donde la fuente de irradiación se encuentra CERCA (Del griego “brachys” que significa: corto) del paciente y que podría representarse por las semillas radiactivas que se aplican en el tratamiento del cáncer prostático. (Imagen de arriba de una escopia con el implante realizado). Esta modalidad de tratamiento se utiliza algo menos y el proceso de planificación y verificación se realizan habitualmente en tiempo real. Para aplicarlo se precisa un radioquirófano y en ocasiones un procedimiento anestésico, ya que para colocar el elemento radiactivo (semillas, hilos, etc) precisamos de agujas-guía, tubos plásticos, horquillas, etc que atraviesan el instersticio del tejido que queremos irradiar. En otras ocasiones se aprovecha una cavidad natural para colocar el elemento radiactivo muy cerca del tumor o lecho tumoral (radioterapia endocavitaria) como ocurre en los tumores ginecológicos. Con esta técnica se obtiene la ventaja de poder irradiar con dosis altas en un volumen muy preciso, sin apenas irradiar tejido sano circundante. En muchas ocasiones se emplea como complemento a la radioterapia externa para minimizar la toxicidad secundaria, aumentar la eficacia y el control local de la enfermedad. 

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Muchas lágrimas y…alguna sonrisa

Me permitirán los lectores que haga un inciso en esto de explicar las bondades de mi especialidad. Hoy 30 de Noviembre de 2012 ha sido un día de muchas lágrimas, que no mías, porque se ha cerrado la hospitalización del Hospital Divino Valles. Esta mañana me acercaba a la planta. Todo eran cajas, recogidas, idas y venidas y caras largas. Muchas de las enfermeras y compañeras de fatigas (algunas también de “barrigas”) en estos casi ocho años que llevo trabajando en este hospital, se despedían entre lágrimas y con la pena de abandonar un hospital en el que nos sentíamos como una gran familia. Ellas se van al nuevo Hospital Universitario de Burgos a continuar con su incansable labor que yo también admiro, pero en un clima de mucha incertidumbre. Quiero rendir mi particular homenaje a todas las enfermeras que tanto en la 7ª planta derecha, como en otras plantas del hospital que siempre han estado a la altura de las circunstancias con nuestros enfermos oncológicos, cuidándoles, dándoles cariño, afecto, comprensión y mucha, pero que mucha profesionalidad, sin abandonar jamás la sonrisa que hoy tanto costaba de esbozar. Para muchas son muchos años de trabajo y entrega y es lógico que esta despedida sea triste. Pero desde este blog quiero darles las GRACIAS y desearles la mejor de las suertes en su nueva andadura. Ya sabéis que para mi siempre seréis “divinas”. 
También se marcha el Servicio de Radiología a quien quiero agradecer desde aquí su colaboración para y con mi Servicio. Para ellos también les mando un abrazo de gratitud.
Finalmente, hasta la cafetería y el quiosco cierran y cada día nos quedamos los de Oncología Radioterápica un poquito más solos. Dicen que para el verano ya nos reuniremos con todos vosotros en el Hospital Universitario. Espero reencontrarme con vosotros. Aunque estéis cerca en la distancia, este hospital no va a ser el mismo sin ellos. Me temo que el invierno va a ser duro.
 ¡¡ SUERTE!!
  
Ambas fotos han sido tomadas por la autora. La de arriba, tomada hoy mismo al salir del trabajo. La de abajo hace unos días desde la 8ª planta viéndose la primera nevada y al fondo el nuevo Hospital Universitario de Burgos.

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Modalidades de tratamiento I

En función de la intencionalidad o el momento en que apliquemos la radioterapia podemos hablar de diferentes esquemas de tratamiento con radiaciones:
Radioterapia neoadyuvante: Es aquella que se aplica ANTES de intervenir quirúrgicamente, con la intención de reducir el tumor y hacerlo más pequeño y accesible al cirujano. Normalmente se realiza en combinación con quimioterapia. Se utiliza en tumores como en el cáncer de recto, esófago o vejiga.
Radioterapia radical: Es la que se aplica al enfermo con intención CURATIVA. En muchos casos se aplica de forma conjunta con la quimioterapia y en otros puede aplicarse de forma exclusiva.
– Radioterapia adyuvante: Es la radioterapia que se aplica con el objetivo de AYUDAR a evitar el riesgo de recaída. Es un tratamiento que complementa a la cirugía y/o a la quimioterapia y se aplica en aquellos casos que exista un riesgo fundado para que el tumor recidive.
Radioterapia concomitante: Se aplica conjuntamente con la quimioterapia, sumando fuerzas o produciendo lo que se conoce como SINERGISMO. La intención de estos tratamientos combinados es sumar fuerzas para aumentar la eficacia que no obtendríamos con los tratamientos por separado.
Radioterapia profiláctica: Se realiza en aquellos casos que intentamos PREVENIR un riesgo elevado de metástasis. Se aplica por ejemplo a nivel cerebral en el cáncer de pulmón de célula pequeña tras un tratamiento radical.
– Radioterapia intraoperatoria: Se realiza DURANTE el acto quirúrgico en forma de sesión única. Se utiliza en aquellos cánceres localizados que no se pueden extirpar técnicamente de forma completa o bien tienen una alta probabilidad de recurrencia. (Ver foto de arriba)
– Radioterapia paliativa: Es la que se emplea para paliar o controlar un determinado SÍNTOMA. Puede resultar muy útil para aliviar el dolor, parar una hemorragia o evitar un daño neurológico por la propia enfermedad.
Cómo véis esto de la Radioterapia da para mucho juego, pero aún hay más modalidades y formas de administrarla en función a otros criterios. No os preocupéis que seguiremos explicando….

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Control de toxicidad

 
Durante el tratamiento con radiaciones, pueden surgir efectos secundarios o toxicidad radioinducida. Para minimizarlo ya hemos comentado que los avances técnicos que disponemos hasta ahora, intentan depositar una dosis óptima al tumor, intentando que los tejidos sanos circundantes reciban la menor radiación posible. Eso ha contribuido en que los tratamientos sean cada vez más tolerables y permitan al paciente llevar una vida prácticamente normal. Ahora bien, como toda intervención o prescripción médica, la radioterapia no está exenta de efectos no deseados. Es por ello que de forma semanal, el radioncólogo realiza un control médico a los pacientes que están sometidos a radioterapia. En esta consulta el médico le preguntará por aquellos síntomas que se pueden esperar en función de la región anatómica que estamos irradiando. Pueden haber síntomas intercurrentes que no estén relacionados de forma directa y ser consecuencia de otros tratamientos médicos, o enfermedades asociadas. En esta consulta, si fuera necesario, se le realizará una exploración física, centrándonos sobretodo en la piel y las mucosas de la región irradiada. Puede también realizarse un control de peso, para evaluar si precisa de algún suplemento nutricional o consejos dietéticos, para que ese peso sea lo más adecuado posible. En función de la toxicidad evaluada por su médico decidirá si puede o no proseguir con el tratamiento y le prescribirá aquel tratamiento de soporte necesario para hacerlo lo más llevadero posible.
Es importante destacar que NUNCA hay dos pacientes iguales, aunque tengan el mismo tumor, la misma edad y coincidan en el número de sesiones de radioterapia. Ello se debe a que cada paciente tiene una radiosensibilidad biológica diferente, de la misma forma que cada paciente tiene una tolerancia diferente a la quimioterapia o a cualquier medicamento que esté tomando. La toxicidad aguda puede aparecer en cualquier momento del tratamiento, siendo lo más habitual hacia la tercera semana en los tratamientos estándar. Una vez finalizado el tratamiento si ha habido toxicidad, ésta suele aminorarse hasta desaparecer en 15 días o 3 semanas post-tratamiento. 
Por lo tanto, es importante en estas consultas semanales que el paciente explique sus síntomas, lleve consigo apuntada toda la medicación que esté tomando, facilite con ropa cómoda la exploración por parte del médico y pregunte todas las dudas acerca del tratamiento que se le prescriba si fuera necesario.

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