Seis años en busca de sentido 5/5 (11)

Querido F:

Han pasado ya seis años de tu marcha, tratando de buscarle un sentido a la finitud de la vida, al trabajo que desempeño e incluso a esos días que continúan ya sin ti. No es una tarea fácil y cada uno a su manera encuentra el camino para aliviar el dolor de la pérdida, Unos dicen que el tiempo lo cura todo. En realidad el tiempo lo que hace es cambiarnos la perspectiva y allanarnos el camino hacia la aceptación.

Ya sabes que en mi trabajo he tenido que aprender a vivir con la pérdida de muchos de mis pacientes. Detrás de cada uno de ellos hay un aprendizaje y en muchas ocasiones un grato recuerdo con el que trato de avanzar para mejorar las biografías de los que se quedan.  Quizá uno de los sentidos de sus vidas sea la de ayudar altruistamente a otros desconocidos a prorrogar las suyas.

Te sigo recordando. En los momentos de salud y en los de la enfermedad, porque en todos ellos eras igualmente tú. La enfermedad no arrebató la esencia del ser, si acaso le dió un prisma distinto a la forma de ver nuestra propia existencia. Fuiste tremendamente generoso, valiente, cargado de una dulce bondad y cariñoso con todos los tuyos. Eso hace que tu recuerdo perdure y siga siendo grato. El poso que queda es de una gran belleza difícil de describir. Porque tras la muerte no todo es oscuridad y desasosiego. Detrás hay una vida plena con sus risas, con sus buenos momentos, también con sus anécdotas o enfados tontos, pero de cualquier manera con sensaciones que hacen hacernos conscientes de que mereció la pena haberlos vivido a tu lado.

Así que cabe pensar en brindar por lo vivido, por el cariño depositado y todas aquellas cosas buenas que has dejado aquí. Todas ellas construyen tu auténtico legado en todas tus facetas. Con ello vivo y consigo mantener la sonrisa que a ti tanto te gustaba. Ya no concibo no seguir escribiendo esta prosa sencilla que libera las almas. Hasta siempre.

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6 opiniones en “Seis años en busca de sentido”

  1. Definitivamente somos el recuerdo que dejamos en el otro. Sensaciones de lo que creemos recordar , detrás de esas sensaciones nos reencontramos porque parece nunca nos vamos, nos hacemos invisibles a estos ojos limitados y de espejismos. A veces las idas adelantadas nos invitan a ver menos y sentirnos más. Lo inmaterial siendo. Carlos Alberto Boaglio en su maravilloso poema “Cuando yo me vaya” nos respira toda la esencia de la partida.

    1. Gracias Leonardo. Reproduzco aquí el poema. Un abrazo!!

      Cuando yo me vaya,no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive recuerdos, reconforta el alma.

      Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo me duermo; por algo me he ido.

      Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros, búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado.

      Ponte mis camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas.

      Te puedes comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas.

      Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra, toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros.

      Si me extrañas mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio ése donde me ocultaba.

      No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado.

      Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha.

      La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más.

      Los hombres que “viven” no se mueren nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo una excusa.

      Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre estaré a tu lado.

      Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para no marcharme.

      Autor: CARLOS ALBERTO BOAGLIO

  2. Es una buena filosofía. Yo pienso que cuando la enfermedad me lleve, me gustaría que mi familia, especialmente mi marido y mi hija, me sientan a su lado y no sufran, recuerden lo que nos gustaba hacer juntos y les motive para seguir adelante, conmigo en el alma.
    Gracias por transmitirnos su sensibilidad doctora, es usted una buena persona, además de una gran profesional.

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