Invisible 4.93/5 (15)

Una pregunta recurrente es ¿por qué la Oncología Radioterápica sigue siendo una especialidad médica invisible? La respuesta es posible que sea múltiple y diversa. Hay muchos factores que contribuyen a ello y sería conveniente analizarlos detenidamente.

Por un lado está la propia invisibilidad de las radiaciones ionizantes. Las radiaciones ionizantes no se ven, pero tampoco huelen, ni tienen sabor.  Las radiaciones no pueden tocarse, ni oirse. Tampoco se perciben en un primer momento, pues requieren de un tiempo biológico de latencia para que nos demos cuenta de sus efectos. Otras especialidades afines como la Radiología o la Medicina Nuclear obtienen como resultado una imagen anatómica o funcional que es perfectamente visible o reconocible por el ciudadano de a pie.

¿Qué imagen proyectamos nosotros de nuestro tratamiento? Pues habitualmente lo visible: el eritema cutáneo, la imagen de alguno de nuestros aceleradores lineales, el trébol de peligro de radiación o como mucho alguna imagen de alguna planificación. Pocas veces se habla de los integrantes humanos de nuestros equipos, de la estructura de nuestros servicios o del verdadero papel de la radioterapia en el tratamiento del cáncer.

Posiblemente tampoco ayude a nuestra visibilidad nuestra ubicación en los hospitales, habitualmente diseñados en búnkeres situados en los sótanos; muchos de ellos con nula o escasa luz natural que nos relega a lugares recónditos y a los que se accede sólo si vas ex profeso. En mi hospital aunque haya un acceso directo, a los pacientes les cuesta encontrarnos y agradecerían alguna clara indicación desde el aparcamiento.

La especialidad médica sabemos que es desconocida, pero más aún los profesionales que trabajamos en un Servicio de Oncología Radioterápica. Quizás se deba al protagonismo que le hemos dado a las “máquinas” por encima del “equipo humano” que trabaja en él.  Esas máquinas, ya sean aceleradores lineales de última generación, braquiterapia, protonterapia, simuladores TAC o por RM o planificadores, no son más que herramientas desarrolladas gracias a los avances en ingeniería e informática.

Detrás de las “máquinas” hay muchas personas que trabajan de forma conjunta para que puedan cumplir su cometido. Los médicos oncólogos radioterápicos valoramos la indicación de los tratamientos, sus beneficios y riesgos, prescribimos dosis de radiación en volúmenes anatómicos planificados, cada vez más estrictos y seguimos clínicamente al paciente para conocer el resultado y efectos del tratamiento con radiaciones ionizantes. Somos oncólogos, ante todo. Oncólogos que empleamos radiaciones ionizantes para tratar el cáncer. Y somos clínicos, pues tenemos un contacto muy directo y cercano con el paciente. No somos radiólogos, aunque con frecuencia así se nos llame reiterada y equivocadamente. Y tampoco somos radiólogos aunque empleemos la imagen radiológica como base para diseñar nuestros tratamientos, verificarlos y valorar la respuesta.

Nuestro trabajo sería aún más invisible si no contáramos con nuestros compañeros los Radiofísicos. Su papel podría considerarse similar o en paralelo a la de un Farmacéutico, pues los radiofísicos son los encargados de velar por el correcto funcionamiento de los aceleradores y de hacer los diseños y cálculos de los complejos campos de tratamiento. Ellos hacen encajar a la perfección nuestra prescripción de tratamiento.

Sin embargo me atrevería a decir que las verdaderas “hormigas trabajadoras” de la Oncología Radioterápica son los Técnicos Superiores de radioterapia. Ellos son los verdaderos artífices a pie de camilla que reproducen los tratamientos que prescribimos, planificamos y verificamos. Poco lucido sería nuestro trabajo sin su esfuerzo titánico diario. Deberíamos tener en cuenta su esfuerzo en formación por el avance tecnológico, su puesta al día en nuevas técnicas constante, la presión asistencial a la que muchos de ellos se ven sometidos, la responsabilidad que asumen en sus espaldas y la complejidad cada vez mayor de los tratamientos. Su invisibilidad es quizá de las más injustas que hay en el mundo sanitario.

Por supuesto también son importantes las enfermeras, las auxiliares de enfermería, los celadores, el personal administrativo, etc. Ellos forman parte de un equipo que los necesita para que todo funcione.

La invisibilidad de la Oncología Radioterápica trasciende a la vida cotidiana. Cuesta horrores explicar en cualquier foro en qué consiste mi trabajo. Las radiaciones gozan además de una “mala prensa” inmerecida, pues posiblemente si las ponemos en una balanza son más los beneficios obtenidos  que los perjuicios. La prensa habla de la Oncología Radioterápica para vanagloriarse de los avances tecnológicos: nuevos aceleradores lineales, protones, etc,. Lo hace siempre acentuando el foco en los “menores efectos secundarios” y no en el potencial curativo de esta importante herramienta.

Ningún algoritmo matemático, ningún avance de ingeniería o de software debería ser más visible que las almas humanas que habitan en los servicios de Oncología Radioterápica. Detrás de esta desconocida especialidad hay muchos años de Historia: Roëntgen, Marie Curie, Becquerel, etc. y mucho tesón. Las máquinas no son más que herramientas de trabajo, como el bisturí para el cirujano, pero somos conscientes de que sus manos son más valiosas que el bisturí que empuña. Lo mismo ocurre en Oncología Radioterápica: nuestros ojos, nuestra mente y nuestras manos siguen siendo más valiosas que la más revolucionaria de las máquinas.

Tampoco el cine, la literatura o el arte ha reparado mucho en nosotros. Ni siquiera las facultades de Medicina que hablan de nosotros muy soslayadamente. Con todos estos ingredientes no resulta difícil entender que seamos invisibles.

Por eso debemos revertir esta situación. Debemos hacer visible nuestro trabajo. Debemos dar a conocer las hazañas, los hitos, el potencial curativo y la contribución en la mejora de la calidad de vida de muchos pacientes.

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6 respuestas a «Invisible»

  1. Doctora Virginia: si hay adenocarcinoma en la prostata la mejor decisión es sacarla en el caso que la persona no tenga quien lo cuide? Y cuáles son los efectos secundarios o problemas que trae después de sacar la prostata?, gracias, Dlb

    1. Estimado Carlos ALberto: La decisión de intervenirse o recibir radioterapia depende de las preferencias y características del paciente. Lo mejor es hablarlo con los especialistas y adecuar el tratamiento a cada caso. La prostatectomía (sacar la próstata con cirugía) produce impotencia e puede dar lugar a incontinencia urinaria. Saludos.

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