Cineterapia Oncológica: ¡Vivir! (Ikiru) Japón, 1952, Akira Kurosawa

¡Vivir!, es una película que data de 1952 y fue dirigida por el japonés Akira Kurosawa.  Se trata de una historia que narra los esfuerzos de un hombre por tratar de dar sentido a los pocos meses que le quedan de vida, tras habérsele diagnosticado un cáncer mortal de estómago. Recordemos que el cáncer de estómago es uno de los tumores con mayor incidencia en el mundo oriental, no así en el occidental. La película se inicia con una radiografía con contraste del estómago del protagonista. El diagnóstico curiosamente no se lo da el médico que le atiende, sino un paciente que está en la sala de espera que le relata minuciosamente todos los síntomas del cáncer gástrico: vómitos (el cáncer estaba situado en la boca del estómago o cardias), dolor epigástrico y heces oscuras. Le revelará que el médico no le dirá la verdad (le dirá el eufemismo de úlcera leve y no le dará tratamiento) y se genera en toda la narrativa una importante “conspiración del silencio” que deja solo al personaje principal.

Kenji Watanabe, el protagonista de ¡Vivir! interpretado por Takashi Shimura fue uno de los actores fetiches de Kurosawa y realiza en esta película una de sus mejores interpretaciones, es un hombre que, pese a la desesperación inicial que sufre ante la noticia de su inminente muerte, decide aprovechar los días que le quedan realizando una obra social que le permita sentir que su vida ha servido de algo. Watanabe había pasado sus días hasta el momento como funcionario al frente del departamento de atención al ciudadano, un departamento que, como el resto de secciones de la Administración, se desentiende completamente de las necesidades sociales y en el que los funcionarios se limitan a ejercer un trabajo burocrático rutinario y exento de cualquier implicación con la responsabilidad hacia la sociedad que deberían desempeñar. Este mensaje de crítica contra un sistema que poco o nada hace en ayuda de los ciudadanos más desfavorecidos es uno de los temas de fondo en esta película.

En ¡Vivir! la denuncia contra la pasividad de los organismos gubernamentales ante la situación de crisis social y económica que atravesaba el Japón de la posguerra es evidente entre otros ejemplos en las afirmaciones de los mismos funcionarios que asisten al funeral de Watanabe, uno de los cuales reconoce abiertamente: “en la Administración no hay que hacer nada, ya que si haces algo te tachan de radical”. Ejemplo de ello es la magnífica ambientación de la oficina, en la que se acumulan por todas partes montañas de solicitudes que dan muestra de la gran cantidad de quejas recibidas y del descuido y poca atención prestadas a ellas por los funcionarios. El mensaje dado por Kurosawa es sin embargo un mensaje esperanzador, representado en la lucha personal y posterior triunfo de Watanabe por conseguir realizar el proyecto de construcción de un parque para niños, lucha que viene a demostrar la posibilidad de mejorar la situación social existente. No obstante, y pese a este mensaje optimista, Kurosawa es realista, y aunque los funcionarios que asisten al entierro reflexionan sobre la necesidad y posibilidad de cambiar el orden de las cosas, la película se cierra con el retorno a la misma situación que abría el film, con el nuevo jefe de departamento desentendiéndose igualmente de los ciudadanos, y con la resignación cobarde de sus empleados ante esta vuelta a la vida rutinaria anterior (extraordinario plano el que muestra al único funcionario disconforme con la situación sentarse en su silla y esconderse tras las montañas de papeles que inundan su mesa).

¡Vivir! se estructura en dos partes. La primera es la historia de Watanabe desde el planteamiento de su dedicación profesional y la noticia de su enfermedad oncológica terminal hasta su decisión de emprender la lucha por la construcción del parque. En esta primera mitad se desarrolla un conflicto emocional del personaje, el cual atraviesa una profunda situación de crisis personal como resultado del conocimiento de su muerte inminente. Watanabe tratará inutilmente de recuperar el tiempo perdido en su vida anterior, dándose cuenta de que ya no puede reparar la relación de incomunicación con su hijo y su nuera. Comprueba que el disfrute desenfrenado de las juergas nocturnas no le reporta ningún tipo de satisfacción vital. El protagonista encuentra sus únicos momentos de felicidad en sus encuentros con una joven ex-empleada en su departamento, cuya vitalidad le transmite cierta alegría de vivir y que actúa como catalizador en la decisión de Watanabe por realizar una misión social que le haga por fin darle un sentido a su existencia.

La segunda parte del film comienza tras la muerte del protagonista cinco meses después. En esta segunda mitad, y teniendo como fondo narrativo el funeral de Watanabe, se procede a la reconstrucción de la consecución del objetivo del protagonista, a través del testimonio de los diversos asistentes a su entierro. Se trata de una crítica reiterativa y quizá demasiado larga. Aunque algunos de los hechos explicados puedan resultar redundantes, la duración de esta larga secuencia del velatorio encuentra su explicación en la intención por parte de Kurosawa de escenificar el lento desarrollo de un ritual de estas características. Los diversos asistentes van conformando con sus comentarios y ayudados por la ebriedad que les va provocando el sake, un exhasutivo retrato del difunto, en el que saldrán a la luz tanto sus defectos como sus cualidades y en el que el fallecido se convertirá en el centro de un debate sobre su vida que realmente muy pocos o ninguno conoce realmente.

La estructura del filme, tanto de la primera como de la segunda mitad, está caracterizada por continuos “flashbacks” de breve duración que actuan como soporte explicativo a los hechos. ¡Vivir! se desarrolla igualmente como un conjunto de situaciones significativas que propician una reconstrucción de los hechos por parte del espectador, fragmentos entre los que destacan los recuerdos del entierro de la esposa de Watanabe, con ese maravilloso encadenado al plano subjetivo del padre y del hijo viendo cómo se aleja la carreta que porta el féretro de la madre, o la alternancia de primeros planos del protagonista gritando el nombre de su hijo con escenas que recuerdan hechos destacados de la infancia del mismo. El tiempo es manipulado a gusto del realizador no sólo con los saltos atrás en el relato, sino también con la utilización frecuente de elipsis que resumen fragmentos de la historia. Excelentes ejemplos de este montaje elíptico son las secuencias del paso de un departamento a otro de la solicitud de construcción del parque por parte de unas mujeres o las diferentes situaciones vividas por el protagonista en sus noches de juerga junto a un joven escritor bohemio.

¡Vivir! es una de las películas de Kurosawa en las que el lirismo visual está más conseguido. La impecable realización en el montaje y la composición de los planos, muestra esa soberbia puesta en escena y dirección características del realizador, llegando a su cumbre en momentos tan perfectos como la escena del columpio, en la que Watanabe se balancea cantando “La vida es corta”, esperando ya su muerte bajo la nieve. La presencia de la naturaleza y los fenómenos atmosféricos como elementos que acompañan a la narración y aportan especial significado a ella es otra de las constantes en el cine de Kurosawa. Watanabe se mece en el columpio bajo una nieve que viene a reforzar el aire de leyenda que envuelve la historia de este héroe, conectando con la afirmación de que no hay nada más solemne que los últimos momentos de un hombre. Shimura enriquece con su interpretación esta idea de dignidad y triunfo vital en su personaje, interpretación soberbia influida por el teatro japonés, en el que se enfatiza la expresividad del actor sobre un mínimo movimiento de su figura.

¡Vivir! fue definida como una película “neorrealista de los sentimientos” configurándose como un canto positivo hacia la vida y la necesidad de utilizar nuestro escaso tiempo vital de la manera más intensa posible. Lejos de un pesimismo existencialista que trate la muerte como el horrible final del camino, el mensaje final del film de Kurosawa es mucho más esperanzador, y consigue en su propuesta dejar la sensación de haber asistido a una extraordinaria lección de vida, lección coherente con la visión humanista presente en todo el cine del japonés, en el que se concluye que el ser humano ha de tratar al fin de dedicar todos sus esfuerzos en aprovechar al máximo el tiempo que le es dado, tiempo valiosísimo y demasiado corto como para ser malgastado inútilmente.

Les dejo con dos enlaces. El primero es un reportaje sobre el 60 aniversario de la película con interesantes comentarios al margen. El segundo es la película completa. Todo un clásico de cine japonés con vigencia actual en muchos de sus pasajes.

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La radioterapia en el cáncer gástrico 5/5 (1)

El cáncer gástrico representa aproximadamente un 10% de los tumores que se diagnostican al año, siendo más frecuente en países asiáticos que en los países occidentales. Según la localización dentro del propio estómago puede dar lugar o no a síntomas, habitualmente de carácter inespecífico y digestivo: dolor, náuseas, vómitos, pérdida de peso, plenitud, cambios en el ritmo de las deposiciones, etc o derivados del tumor: anemia, dificultad para tragar, deposiciones melénicas (negruzcas). El tratamiento de elección es el quirúrgico, siendo la quimioterapia y la radioterapia tratamientos adyuvantes, es decir, que complementan a la cirugía si existen factores de riesgo. Si el tumor es inoperable o es de gran tamaño puede plantearse una quimioterapia neoadyuvante previa a la cirugía para disminuir el tamaño del tumor y hacerlo operable. La radioterapia también puede utilizarse posteriormente en estos casos. Sólo en los raros casos de linfomas gástricos, no hay que operar y el tratamiento de elección sería la quimioterapia acompañado de una radioterapia posterior. Voy a explicar paso a paso cómo se realiza el proceso del tratamiento con radioterapia en los pacientes con cáncer gástrico.

 La primera visita:

En esta visita el oncólogo radioterápico valorará en primer lugar la indicación (o la necesidad) del tratamiento en función de una serie de factores de riesgo. Tendrá en cuenta la edad del paciente, la extensión de la enfermedad, sus enfermedades previas, su estado general, su estado nutricional (muy importante, ya que estos pacientes suelen perder mucho peso tanto en el proceso diagnóstico como en el terapéutico) e incluso su situación personal. Si tras esta valoración inicial se le considera apto para someterse a un tratamiento con radioterapia, su médico hará la prescripción de dosis correspondiente y se le emplazará al siguiente paso: la simulación.

La Simulación:

Constituye el primer proceso previo al tratamiento con radiaciones propiamente dicho. En la primera visita se le darán unas instrucciones para ir convenientemente preparado en caso de que se le vaya a administrar un contraste vía oral. La simulación consiste en hacer una TAC-simulación en las mismas condiciones de posición anatómica en la que vaya a ser tratado. La máquina difiere levemente de una TAC de radiología en que la mesa es plana, suele estar indexada (tiene marcadas unas coordenadas) y que el arco es de diámetro algo más ancho. Sobre la mesa se colocarán unos sistemas de inmovilización con los brazos levantados y se ajustarán a su anatomía. Se le colocará sobre la mesa con dichos sistemas y se procederá colocarle de forma alineada y lo más estable posible. Por fuera, la TAC dispone de unos láseres externos que se utilizan para marcar unas coordenadas sobre la piel que una vez finalizada la exploración le pintarán sobre ella o tatuarán en forma de pequeños puntos casi imperceptibles. Este procedimiento puede durar de 20 a 30 minutos, debe permanecer lo más quieto y relajado posible, respirando de forma pausada para que luego pueda reproducirse el tratamiento. Recomendamos que lleve ropa cómoda y fácil de quitar. Una vez finalizada la exploración, las imágenes realizadas se enviarán a planificación.

La Planificación:

Este es un proceso personalizado de diseño de su tratamiento. Aquí el radioncólogo procederá a contornear en un planificador (ordenador específico para diseñar los haces de tratamiento y hacer los pertinentes cálculos de dosis de radiación) tanto los llamados órganos críticos (órganos sanos que nos interesa reciban no más de una determinada dosis para no dañarlos: médula espinal, pulmón sano, hígado, riñones, intestino delgado, etc) como los tejidos u órganos diana de cada caso (donde si nos interesa que se reciba una dosis tumoricida según cada caso: remanente gástrico o lecho tumoral y los ganglios situados en la vecindad del estómago). A partir de aquí los encargados de hacer la mejor planificación posible serán los técnicos dosimetristas y los radiofísicos. Ellos deberán velar por que nuestra prescripción de dosis se ajuste de la mejor manera posible. Luego el radioncólogo debe supervisar junto con el radiofísico de que todo esté en orden y dará su visto bueno, o no, al tratamiento. Una vez acordado el plan, se validará y ya estará listo para comenzar el tratamiento.

 El Tratamiento:

El primer día de tratamiento será un poco más largo que el resto de sesiones, pues estará presente el médico para ratificar que lo planificado se ajusta a la realidad. Se realizarán pruebas de imagen para verificarlo. Si hay alguna pequeña variación se ajustará ese día y se irá comprobando su estabilidad a lo largo de todo el tratamiento. Es también importante para facilitar el trabajo a todos que venga con ropa cómoda y fácil de quitar y esté en la mesa de tratamiento quieto, relajado y respirando con suavidad al igual que en la simulación. Notará como los técnicos de radioterapia le movilizan y hacen pequeños desplazamientos con la mesa. Ayudados por láseres y por los puntos de tatuaje conseguirán reproducir la postura es la que se encontraba cuando le simularon. Es importante que el paciente se deje hacer y no se mueva, pues así facilita el trabajo a los técnicos y encontrarán en menos tiempo la postura adecuada. Si todo lo verificado está bien seguirá con sus sesiones programadas y prosequirá su tratamiento normalmente.

  Visitas durante el tratamiento:

Durante el tratamiento su radioncólogo le visitará semanalmente para ver su tolerancia. En esta visita deberá indicar cuanquier síntoma especialmente si está relacionado con su función digestiva: tolerancia de los alimentos, plenitud, náuseas, diarreas y estado nutricional. Si aparece algún problema de toxicidad derivada de la radioterapia, el médico valorará si es necesario o no recibir algún consejo o tratamiento médico. Es importante controlar el peso, pues si la pérdida se acerca al 10% del índice la masa corporal habrá que tomar medidas nutricionales suplementarias. La piel debe mantenerse limpia e hidratada, pero no debe aplicarse ninguna crema antes de las dos horas previas a la radioterapia. 

Fin de tratamiento:

 Su médico valorará su tolerancia al tratamiento y le dirá la conducta a seguir en relación a consejos médicos y prescripciones médicas. Le proporcionará un informe con todos los datos del tratamiento aplicado y le emplazará a un seguimiento médico con los análisis o pruebas complementarias que considere oportunas.

Seguimiento:

 Durante las visitas sucesivas su radioncólogo valorará tanto el estado de la enfermedad como la toxicidad a medio y largo plazo de la radioterapia. Las complicaciones aunque son infrecuentes pueden surgir. Las más importantes son la enteritis, la hepatitis por radiación que puede dar lugar aumento de las transaminasas y otras pruebas hepáticas sin provocar habitalmente clínica, así como una alteración de la función renal. Si surge alguna de estas complicaciones tardías buscará un tratamiento adecuado. Si surgiera una recaída de su enfermedad, el radioncólogo es posible que le haga un seguimiento más estrecho y le indique la conducta a seguir.

Les dejo con un video que explica qué es la planificación en radioterapia.

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