El legado humanista de Albert Jovell
Pero Albert no se quedó cruzado de brazos, no se amilanó y utilizó todos los recursos que tuvo a su alcance para cambiar de algún modo esta realidad. Hizo lo posible y lo imposible por crear plataformas que consiguieran hacer una Medicina más atenta, más humanizada, más centrada en la afectividad de la persona enferma. Él le llamaba Medicina Basada en la Afectividad. Toda una declaración de intenciones para defender los derechos del paciente.
Dos años después del fallecimiento de su padre, Albert Jovell fue diagnosticado de un timoma, un infrecuente tumor que se aloja en medio del tórax. Esa experiencia como médico y paciente le lleva a tomar partido y toma parte en las decisiones acerca de sus tratamientos y de su autocuidado. Lo hace por un objetivo personal, ya que es además padre de familia y ello le empuja a luchar por estar lo mejor posible. Pero se da cuenta que no puede estar constantemente hablando de su enfermedad con los amigos o el entorno más íntimo pues se genera en algún momento incomodidad y sufrimiento. El tumor emocional estaba ahí y había que eliminarlo de alguna forma. Había una necesidad de normalizar la enfermedad y por ende la vida cotidiana, recobrando con esa actitud ante la adversidad la felicidad anhelada. Quince años convivió Albert Jovell con su enfermedad y tuvo la astucia y el coraje de utilizar esa convivencia para poder ayudar a los enfermos. Lo hizo de una forma frenética, apasionada, casi a contrarreloj. Falleció el 26 de noviembre de 2013 a los 51 años de edad.
Recomiendo y prescribo tanto para pacientes como para médicos este legado. Su vigencia, su fuerza y su testimonio siguen estando muy vivos. Eso engrandece y hace trascender la figura de un buen médico y un médico bueno.
1.- Itinerario de navegación del paciente con cáncer:
Esta web nace con el objetivo de ofrecer una “hoja de ruta” para los afectados de cáncer y sus cuidadores. Hay material informativo, recursos multimedia y actividades de formación.
Un decálogo imprescindible sobre la información contrastada, la toma de decisiones centrada en el paciente, el respeto y confianza mutuas entre el médico y el paciente, formación y entrenamiento en comunicación de los profesionales sanitarios, participación de los pacientes en las prioridades de asistencia sanitaria, democratización formal de las decisiones sanitarias, reconocimiento de las asociaciones de pacientes, conocimiento de los derechos del paciente y la garantía de su cumplimiento.
La felicidad de nuestros médicos
- Concedernos un minuto al día para sentarnos con nosotros mismos y meditar.
- Pensar muy claro cuál es el ideal que perseguimos.
- Tratar de disfrutar de la interacción con el paciente por encima de todo y de todos.
- Amar esa sensación de logro tras una buena respuesta clínica o mejoría del bienestar del paciente.
- Deleitarnos en encontrar el mejor tratamiento posible que se adecue al paciente.
- No conformarnos con verlo todo claro, porque a veces no es posible.
- Conviene también soñar y profundizar en lo que sería nuestro mundo ideal.
- Escribir un día cualquiera de nuestro trabajo con todo lujo de detalles, desde el despertar hasta irnos a la cama. Este ejercicio nos permitirá tomar conciencia.
- Cambiar a los Jefes por “Gefes” (Gestores de Felicidad) que actúen como verdaderos líderes en los equipos de trabajo haciendo sentir a cada miembro que lo integra como alguien importante.
Obsolescencia no programada
La radioterapia se emplea ya en casi un 50% de los tumores y su implantación irá en aumento en el futuro (pincha aquí para tener el enlace a las estimaciones basadas en la evidencia), además su avance tecnológico ha sido exponencial en los últimos años. La Oncología Radioterápica es una especialidad médica con una gran dependencia tecnológica. Se estima que un 12% de los equipos que están ahora funcionando superan los 15 años de antigüedad, lo que hace necesaria su sustitución por otros más recientes. Urge la necesidad de crear una normativa nacional que fije unas directrices acerca del tiempo máximo en que deben estar en funcionamiento los aceleradores lineales y que sea de obligado cumplimiento por todas las Comunidades Autónomas.
La cifra de los aceleradores lineales de electrones que requieren una retirada relativamente temprana (los que superan los 10 años de edad, pero no han pasado los 15) es elevada y llega ya en torno al 30% de los equipos, porcentaje similar al de los equipos en mejores condiciones, aquellos puestos en marcha hace menos de cinco años. El proceso de renovación de equipos es largo, conlleva hacer un concurso, seleccionar un proveedor e instalar los equipos, lo que tarda por regla general unos dos años. La crisis económica por la que está todavía atravesando nuestro país puede incluso retrasar todo este costoso proceso.
Una buena forma de desbloquear esta situación sería, por supuesto, hacer una política sanitaria menos cortoplacista, con vistas a las previsiones de las necesidades de radioterapia descritas en la literatura y con una correcta renovación de los equipos. Se trataría de establecer unas Compras Basadas en la Evidencia como propone el modelo británico del NHS en Europa. Con este punto de partida se tendrían en cuenta multitud de variables a parte del número de años de los equipos: características técnicas intrínsecas de los aceleradores, tipo de tratamientos a aplicar, número total de horas de tratamiento de los equipos, número de unidades de monitor disparadas (esto puede ser un índice según los radiofísicos similar al cuentakilómetros de un coche, pues valora no sólo los disparos realizados en los tratamientos, sino también los realizados en los aceleradores lineales en todas las medidas de calibración adoptadas en cada unidad de tratamiento), podría sumarse la valoración de los propios enfermos, etc. Posiblemente SEOR y SEFM (Sociedad Española de Física Médica) deben ir de la mano para elaborar este ambicioso pero necesario plan nacional de compra y reposición de equipos, rompiendo así con la actual inercia de dejar que suceda la obsolescencia no programada de los aceleradores lineales. Esta situación nos lleva a los especialistas a temporadas de un cierto ostracismo profesional hasta que de golpe y porrazo se produce la ansiada renovación. A veces, se tiene la sensación de ir avanzando a trompicones, en lugar de una forma lineal y progresiva como nos sucede en nuestra vida diaria cuando reponemos nuestros móviles u ordenadores.
Hemos de ser conscientes y transmitir a nuestros pacientes que la Radioterapia juega un papel importante en la curación del cáncer, pero que necesitamos el apoyo de todos: profesionales, asociaciones de pacientes e instituciones. Debemos defender por tanto una mejora en las condiciones actuales en las que se encuentra la especialidad con visión de futuro y caminar sinérgicamente en ese sentido.
Los recientes avances tecnológicos en nuestra especialidad están ayudando y mucho a minimizar los efectos secundarios, mejorando la precisión, seguridad y eficacia de este tipo de tratamientos. La investigación en nuestro campo debe ser también un tema prioritario que en nuestro país está aún por explotar y que tiene un potencial extraordinario (pincha aquí para comprobarlo). Convendría echar un vistazo al Cancer Research UK para ver los logros obtenidos en el Reino Unido con una política de innovación en radioterapia que está dando ya sus frutos, con una inversión económica muy razonable.
La conciencia pública de los beneficios de la radioterapia aún está lejos de ser bien conocida. Supone un verdadero reto para los oncólogos radioterapeutas. Tenemos que alzar nuestras voces, darnos a conocer y transmitir la máxima confianza a los enfermos que desean cada día estar mejor informados y saber qué es lo que hacemos. Yo invito a todos mis compañeros a hacer ese ejercicio por nuestro presente y por nuestro futuro.
Quiero agradecer la información facilitada por mis compañeros radiofísicos, especialmente a Diego Jurado del ICO Girona, a Manuel Vilches del IMOMA en Asturias y a Fernando Caudepón del Hospital Universitario de Burgos.
Les dejo con este video de la plataforma e-Cancer en la que el Dr. Alfredo Ramos hace un análisis de la Oncología Radioterápica actual.
Quiero a mi patólogo
Su trabajo como decía, es también desconocido por el gran público, pues no tiene habitualmente un contacto directo con el paciente, aunque si indirecto. El Patólogo es el médico que analiza las citologías, biopsias, piezas quirúrgicas y en ocasiones también realizan necropsias (autopsias no forenses). Está encargado de analizar el material remitido de una forma pormenorizada, tanto a nivel macroscópico, como a nivel microscópico. Mide, pesa, orienta, encaja como un puzzle y describe el material analizado. Con él realiza luego tinciones, fija los tejidos, los envuelve en parafina y los corta en finas lonchas gracias a un microtomo. Luego viene la labor de observar minuciosamente las células que lo componen en el microscopio, ver su forma, su disposición, su núcleo, su similitud al tejido original o no, etc. Emplea diferentes tinciones para hacer estudios llamados inmunohistoquímicos que orienten hacia el pronóstico o hacia una peculiar singularidad de ese tumor en concreto para ayudar a personalizar los tratamientos. Luego recoge toda esta información y emite un informe completo.
Los clínicos necesitamos de ellos, pues dependiendo de ese incansable trabajo nosotros tenemos que valorar si la cirugía ha sido suficiente o no y si se ha aplicar o no un tratamiento adyuvante o complementario como podría ser la quimioterapia o la radioterapia. Su trabajo se ha sofisticado mucho en los últimos años, pues cada vez hay que desgranar más y obtener más información: marcaje de antígenos específicos, mutaciones, delecciones, estudios genómicos, etc.
Dado que su trabajo es muy importante para nosotros y tienen en sus espaldas la responsabilidad del verdadero diagnóstico del cáncer, quisiera mostrar desde aquí mostrarles mi profundo agradecimiento y reconocimiento a su trabajo en la penumbra de su laboratorio y su microscopio.
En el año 2000 tuve la suerte de conocer, en mi estancia en el MSKCC de Nueva York, a un ilustre patólogo español que fue entonces mi mentor y guardo en común que somos paisanos pues él nació en Calella de Palafrugell un precioso pueblecito costero de la provincia de Girona, el Dr Carlos Cordón Cardó. De él guardo gratos recuerdos de las conversaciones compartidas, de sus conocimientos, de su hospitalidad y de su profesionalidad. Aquí les presento un documento gráfico de entonces de una servidora, junto al Dr Carlos Cordón y la Dra Adelaida Lacasta.