Once años de ausencia 5/5 (10)

Querido F:

El tiempo puede parecer un concepto abstracto, pero cuando se trata de una pérdida como la tuya, se convierte en un recordatorio constante de lo rápido que avanza la vida. Hoy, mientras reflexiono sobre los once años transcurridos desde que nos despedimos, siento la necesidad de rendirte homenaje y recordar el impacto perdurable que tuviste en las vidas de muchos de nosotros. Reconozco que, aunque ya escribo poco en este blog por distintos avatares de la dura vida, he creído  importante hacerlo para celebrar la huella que dejaste y encontrar consuelo en los recuerdos.

La pérdida de un ser querido es una experiencia universal a la que todos nos  enfrentaremos en algún momento de nuestras vidas. Es un proceso complejo y personal que puede llevar tiempo aceptar y sanar. Después de estos años, puedo decir que el dolor nunca desaparece por completo, pero se convierte en un recordatorio de cuánto has significado.

En estos once años he visto, afortunadamente, cómo la ciencia ha avanzado en el campo del cáncer de pulmón y ha mejorado su supervivencia.  A veces fantaseo con la idea de cómo se te hubiera tratado en caso de haber sido hoy tu diagnóstico. Posiblemente sería algo distinto y mejor. En cualquier caso, eso siempre nos ocurre cuando juzgamos el pasado en un contexto actual y ya carece de sentido, pero me produce cierta alegría comprobarlo ahora a través de mis pacientes.

De cualquier modo ahora prefiero fantasear con tu sonrisa cálida y ese espíritu generoso que iluminaba cualquier espacio. Contigo aprendí la importancia de dar vida a los años que nos toque por suerte vivir, en lugar de empeñarnos a sobrevivir a cualquier precio. Tus años vividos fueron un auténtico regalo para los que tuvimos la fortuna de acompañarte.

A medida que pasa el tiempo, los recuerdos se vuelven aún más preciosos. Las risas compartidas, las conversaciones profundas y los momentos de alegría se vuelven tesoros en nuestra memoria. Aunque pueda doler recordar, es importante honrar y celebrar la vida que viviste.  Dejaste  un legado de afecto que continúa inspirándonos en nuestro propio camino.

Hoy, en el undécimo aniversario de tu partida, te quiero dar las gracias por ser como eras. Estoy segura de que tu legado nos seguirá fortaleciéndonos en los años venideros y siempre vivirás en nuestros corazones.

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La divinidad de lo humano 4.92/5 (12)

Querido Felipe:

Apenas quedan ya días de verano en Burgos. Las nubes, el aire y el color de algunas de las hojas de los árboles presagian un anticipo del otoño. Ya empezamos a notar ese fresco mañanero en las mejillas, ese que acaba colándose bajo la ropa, invitando a ponernos esa chaquetilla a la que tanto e inútilmente me resisto.

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Seis años en busca de sentido 5/5 (11)

Querido F:

Han pasado ya seis años de tu marcha, tratando de buscarle un sentido a la finitud de la vida, al trabajo que desempeño e incluso a esos días que continúan ya sin ti. No es una tarea fácil y cada uno a su manera encuentra el camino para aliviar el dolor de la pérdida, Unos dicen que el tiempo lo cura todo. En realidad el tiempo lo que hace es cambiarnos la perspectiva y allanarnos el camino hacia la aceptación.

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Tributo a una sonrisa


Querido Antón:
Debe ser que mi cabeza está ya hilvanada con demasiados hilos blancos que recurro ya con excesiva frecuencia al estilo epistolar para despedirme de gente muy querida. Es duro para los que nos quedamos huérfanos de tu sonrisa, de tu afabilidad y de tantas y tantas cosas buenas.
Ayer recibí un e-mail con un comunicado que decía que te fuiste para siempre el dia 2 de Diciembre, prácticamente con las botas puestas, pues no dejaste de luchar por otros enfermos que estaban pasando por lo mismo que tú, hasta mediados de Noviembre. Eso te honra, te engrandece y a mi me enorgullece de sobremanera. Sé que en estos momentos es fácil hablar bien de alguien que no está, pero yo sólo tengo palabras de admiración y de enorme cariño ante una figura como tú.
Quizá en estos momentos se me agolpan recuerdos muy gratos. Hemos coincidido a lo largo de unos cuantos años ya, en muchos congresos, charlado en muchas comidas, debatiendo en alguna ponencia. La última vez que nos vimos fue en el Congreso Nacional de Vigo, en Junio de este año. Te recuerdo sonriente y feliz, como siempre, con tu inseparable cámara de fotos y con la compañía fuerte de Carmen. Nos hiciste unas cuantas fotos en ese último viaje en barca. Hacía un día estupendo. Esas fotos que cobran ahora sentido pues nos dejas un buen puñado de buenos recuerdos. No sabes la alegría que me diste cuando las recibí en mi correo. 
No me quiero despedir sin decirte lo mucho que te voy a echar de menos, especialmente por tu sonrisa, con la que me quedo. Nos dejas un gran vacío, pero también un gran legado. Espero que sepamos coger tu testigo y seguir luchando con la misma fuerza y firmeza que tú lo hiciste por el cáncer. Como dice Carmen te recordaremos como un ejemplo de lo que la confianza y la entrega absoluta a esta especialidad representa.
Gracias Antón por haber tenido el privilegio de conocerte.
Juan Antonio Santos Miranda era Jefe de Sección y oncólogo radioterapeuta en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Colaboraba activamente en los Comités Científicos de la especialidad y contaba en su haber con un gran número de publicaciones, comunicaciones, ponencias, editó varios libros y colaboró en otros tantos.
Estas son algunas de las fotos que Antón nos hizo en el Congreso Nacional de Vigo del pasado mes de Junio. Gracias de todo corazón. No olvidaré nunca este detalle.

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