La divinidad de lo humano 4.92/5 (12)

Querido Felipe:

Apenas quedan ya días de verano en Burgos. Las nubes, el aire y el color de algunas de las hojas de los árboles presagian un anticipo del otoño. Ya empezamos a notar ese fresco mañanero en las mejillas, ese que acaba colándose bajo la ropa, invitando a ponernos esa chaquetilla a la que tanto e inútilmente me resisto.

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Seis años en busca de sentido 5/5 (11)

Querido F:

Han pasado ya seis años de tu marcha, tratando de buscarle un sentido a la finitud de la vida, al trabajo que desempeño e incluso a esos días que continúan ya sin ti. No es una tarea fácil y cada uno a su manera encuentra el camino para aliviar el dolor de la pérdida, Unos dicen que el tiempo lo cura todo. En realidad el tiempo lo que hace es cambiarnos la perspectiva y allanarnos el camino hacia la aceptación.

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Tributo a una sonrisa


Querido Antón:
Debe ser que mi cabeza está ya hilvanada con demasiados hilos blancos que recurro ya con excesiva frecuencia al estilo epistolar para despedirme de gente muy querida. Es duro para los que nos quedamos huérfanos de tu sonrisa, de tu afabilidad y de tantas y tantas cosas buenas.
Ayer recibí un e-mail con un comunicado que decía que te fuiste para siempre el dia 2 de Diciembre, prácticamente con las botas puestas, pues no dejaste de luchar por otros enfermos que estaban pasando por lo mismo que tú, hasta mediados de Noviembre. Eso te honra, te engrandece y a mi me enorgullece de sobremanera. Sé que en estos momentos es fácil hablar bien de alguien que no está, pero yo sólo tengo palabras de admiración y de enorme cariño ante una figura como tú.
Quizá en estos momentos se me agolpan recuerdos muy gratos. Hemos coincidido a lo largo de unos cuantos años ya, en muchos congresos, charlado en muchas comidas, debatiendo en alguna ponencia. La última vez que nos vimos fue en el Congreso Nacional de Vigo, en Junio de este año. Te recuerdo sonriente y feliz, como siempre, con tu inseparable cámara de fotos y con la compañía fuerte de Carmen. Nos hiciste unas cuantas fotos en ese último viaje en barca. Hacía un día estupendo. Esas fotos que cobran ahora sentido pues nos dejas un buen puñado de buenos recuerdos. No sabes la alegría que me diste cuando las recibí en mi correo. 
No me quiero despedir sin decirte lo mucho que te voy a echar de menos, especialmente por tu sonrisa, con la que me quedo. Nos dejas un gran vacío, pero también un gran legado. Espero que sepamos coger tu testigo y seguir luchando con la misma fuerza y firmeza que tú lo hiciste por el cáncer. Como dice Carmen te recordaremos como un ejemplo de lo que la confianza y la entrega absoluta a esta especialidad representa.
Gracias Antón por haber tenido el privilegio de conocerte.
Juan Antonio Santos Miranda era Jefe de Sección y oncólogo radioterapeuta en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Colaboraba activamente en los Comités Científicos de la especialidad y contaba en su haber con un gran número de publicaciones, comunicaciones, ponencias, editó varios libros y colaboró en otros tantos.
Estas son algunas de las fotos que Antón nos hizo en el Congreso Nacional de Vigo del pasado mes de Junio. Gracias de todo corazón. No olvidaré nunca este detalle.

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Tengo una carta para ti

Querido compañero:
Ayer me sobresaltó la noticia de que te habías ido para siempre. Y digo que me sobresaltó, porque aunque sabía de tu mal con el que convivo a diario, no podía imaginarme que mi saludo de tan solo hace una semana se convertiría en el último. Recuerdo que nos vimos en el comité rodeados de otros compañeros donde estábamos discutiendo tu caso. ¡Qué consciente eras de lo que te estaba pasando! Tanto es así que mirabas incrédulo al que te comentaba que aquello era un seroma de lenta evolución. El silencio y las miradas lo decían todo. 
La Ley de Murphy se ensañó contigo sin ningún género de duda. Estabas enfadado con el mundo y con razón. Esa Medicina que tú tanto amabas te mostraba su lado oscuro y casi siempre te tocaba bailar con la más fea. Afrontar todo ese compendio médico metido en ti no era una tarea fácil, pero puedo decir a tu favor que lo hiciste con mucho valor y dignidad.
Ahora que no estás vienen a mi mente muchos recuerdos compartidos. Siempre me echaste una mano en “la séptima del Divino” cuando surgía alguna complicación cardiológica o infecciosa en un paciente oncológico  ingresado, pues reconozco mi óxido en dichas materias. Tú sabías un poco de mucho como buen internista que eras y yo mucho de muy poco como especialista. Pero formábamos un buen tándem colaborativo y eso era lo que nos hacía grandes. Gracias a tú buen hacer conseguí controlar alguna que otra arritmia despistada. Me quedo con este y otros buenos recuerdos como las tertulias en la cafetería, pues ambos te honran como médico y como persona.
Deseo enviar desde estas pequeñas líneas un abrazo muy fuerte a tu familia, pues para ellos no va a ser fácil llevar tu ausencia. Desde aquí mi apoyo y mi cariño estarán siempre presentes. Un abrazo y descansa.
Para despedirme te dejo con una bella canción clásica de Pau Casals “El cant del ocells” (El canto de los pájaros) interpretada por Archi di Roma y Valerio Taddeo ¡Sublime!

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