Cineterapia oncológica: La habitación de Marvin. “Marvin’s Room” EEUU, Jerry Zaks,1996

“La habitación de Marvin” (Marvin’s Room, en inglés) cuenta la historia de dos hermanas: La mayor se llama Bessie (interpretado por Diane Keaton) y la menor Lee (Meryl Streep). Bessie se encuentra al cuidado de su padre en Florida, un hombre llamado Marvin (Hume Cronyn) que tuvo un accidente cerebrovascular hace 17 años, está incapacitado y postrado en una cama. Lee, su otra hija le tiene totalmente ignorado, se mudó a Ohio con su esposo hace unos 20 años y nunca más tuvo contacto alguno con su familia. La trama se complica cuando el médico (Robert de Niro) de Bessie le informa que padece una leucemia y necesita un trasplante de médula ósea. Bessie se encuentra en la necesidad de llamar entonces a su hermana en busca de ayuda.

Lee, a su vez, está divorciada y tiene dos hijos. Uno de ellos la mantiene ocupada, su hijo Hank (Leonardo DiCaprio), que está internado en un centro psiquiátrico por un problema de piromanía, llegando a por prender fuego a la propia casa de su madre. Charlie, el hijo menor parece no inmutarse con las excentricidades de su hermano o aparente desinterés de su madre. Un día Lee decide sacar a su hijo Hank del psiquiátrico y se marchan rumbo a la ciudad de su hermana. Hank se muestra incrédulo. “Yo ni siquiera sabía que tenías una hermana,” dice él. “¿Recuerdas cada Navidad, cuando yo decía: Bueno, parece que la tía Bessie no nos envió una tarjeta de nuevo este año?” dice Lee. ¡Oh, sí!”, dice Hank. Así pues, Lee y sus dos hijos van rumbo a Florida a hacerse unas pruebas de histocompatibilidad para ver si pueden ser donantes de médula ósea para su hermana.

En esta situación Lee se da cuenta de que ella tiene que hacerse ahora cargo de la atención de su padre Marvin. En un primer momento inicia una búsqueda de una residencia. Finalmente Bessie y Lee, que habían estado tan distanciadas, se dan cuenta del tiempo perdido y vuelven a llevarse bien. Desafortunadamente, el médico revela que las pruebas de histocompatibilidad son negativas y que no podrán trasplantarte la  médula ósea, por lo que tendrá que seguir con la quimioterapia. A pesar de este contratiempo, Lee y sus hijos deciden quedarse a vivir para siempre con su tía y su abuelo.

El director teatral Jerry Zaks se rodeó en esta película de un espectacular elenco en su debut tras las cámaras. El reparto reunió a un grupo de actores que acumulaban 20 candidaturas a los Óscars y cinco estatuillas, conseguidas por Meryl Streep, Diane Keaton y Robert DeNiro (que interpreta al Dr Wally). El papel de la oveja negra de la familia fue para la camaleónica y genial Meryl Streep, aunque inicialmente se le ofreció el de la hermana buena, finalmente recayó en Keaton (quien optó al Óscar por esta interpretación). Estos personajes forman parte de la obra teatral del dramaturgo Scott MacPherson, que él mismo adaptó para el cine antes de morir de SIDA a los 33 años.

En esta película se reflexiona sobre temas importantes que nos afectan a muchos: el cuidado de un gran dependiente, el papel de su cuidador principal, su desgaste, lo que ocurre cuando el cuidador principal sufre a su vez una enfermedad grave, cómo evolucionan las relaciones familiares, los problemas psiquiátricos de un hijo y lo que supone encontrar a un donante de médula ósea compatible. Una mezcla explosiva que a veces sucede en el mundo real.

En resumen, se trata de un elenco de actores con sublimes interpretaciones que no dejará indiferente a nadie. Y otra vez más la leucemia, actriz protagonista donde las haya, sale a relucir de nuevo. Algún día se llevará el Óscar a la enfermedad más interpretada en el cine.

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Mortal y Rosa

“Mortal y Rosa” es el título de un libro de Francisco Umbral que en su día, allá por 1975, pasó casi desapercibido, pero que se trata de uno de los mejores libros de este ya reconocido y prolífico escritor fallecido en 2007.

He de confesarles que a Umbral le conocía más como columnista. Recuerdo hace ya unos años, haberle leído en su sección “Los placeres y los días” del diario “El Mundo”. Siempre me había parecido un personaje arrogante y estrafalario, que transmitía una imagen de estar por encima del bien y del mal. Sus artículos, sin embargo, me parecían de una calidad extraodinaria y vislumbraba una extraña disonancia o contradicción entre esa imagen y su prosa como escritor.

Llegué a este libro “Mortal y Rosa” de la mano del médico humanista, el Dr Joseantonio Trujillo (@Joseatrujillo) que en su particular disección del dolor y el sufrimiento humanos a través de la literatura en su libro “Lágrimas de papel”, relata parte de la biografía humana de tres grandes escritores: Francisco Umbral, Sándor Marai y C.S. Lewis. De lectura recomendable para cualquier médico que se precie como humanista.

“Mortal y Rosa” es un diario íntimo y sobrecogedor sobre el duelo que Francisco Umbral recorrió tras la desaparición de su único hijo “Pincho” que falleció como consecuencia de una leucemia cuando sólo contaba con 6 añitos. Pensemos que este escritor no tuvo una vida fácil. No la tuvo en su infancia. No la tuvo en su edad adulta debido a este trágico suceso.

La muerte de un hijo te deja sin palabras, sin argumentos, sin consuelo posible. Nuestra mente humana no está programada para sobrevivir a un hijo. Umbral, a pesar del intenso dolor y sufrimiento, fue capaz de encontrar palabras, de ponerle poesía, amor, belleza y lirismo a un sentimiento brutal, desgarrador y triste. A través de su escritura, Umbral consigue autorretratarse conduciéndote con una prosa inconfundible, propia e intraducible a ese arrebato de sentimientos y de preguntas sin respuestas, haciendo que sientas su lado más humano, más compasivo y más admirable. Creo sinceramente que ha sido una manera maravillosa de expresar y liberar emociones que debían estar en puro estado catártico. He descubierto con la lectura de este libro que tenía una idea equivocada de este polémico autor. Su arrogancia o su pose respondían posiblemente a una máscara que él mismo se había construido para protegerse del profundo dolor que atravesó en toda su experiencia vital.

Siempre me parecerá sorprendente esa capacidad que posee el ser humano para sobreponerse y transformar el dolor en una indescriptible belleza ya sea a través de la literatura, la música o cualquier expresión artística.

Recomiendo pues la lectura del libro “Mortal y Rosa” para todo aquel que quiera acercarse al retrato humano del duelo más duro que se puede tener en la vida como es la pérdida de un hijo. Les dejo como muestra este bello párrafo:

“Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo llorándote en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen en Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más”.

Les dejo con un video de un fragmento del libro. Pocos días después del fallecimiento de Umbral se celebró un acto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para recordar su vida y obra en el que participaron diversas personas del mundo de la cultura, y entre ellas Juan Diego, quien leyó este mismo fragmento, con un sentimiento y una interpretación tal que aún parece estar escuchando tanto su voz como la ovación larga y cerrada que irrumpió a continuación, según cuentan los que estuvieron presentes.

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Cineterapia oncológica: Surviving Amina. EEUU. Barbara Celis. 2010.

“Surviving Amina” que traducido sería “Más allá de Amina” es una película-documental realizada por Bárbara Celis, una periodista madrileña, neoyorkina de adopción y ADN italiano que colabora en diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales. Se encontró con esta historia íntima de amor y resiliencia de casualidad. En principio se trataba de una típica grabación sobre el nacimiento de la segunda hija de una pareja suizo-italiana afincada en Nueva York, llamados Anne y Tomasso. Los avatares de la vida le llevaron a realizar un largometraje sobre el relato de la corta vida de Amina que fue diagnosticada de una leucemia con sólo cuatro meses de vida.

Todo se inicia con el parto de Anne y el nacimiento de Amina cuya grabación le había encomendado a su amiga Barbara Celis. El diagnóstico precoz de la leucemia llevó a la propia madre a querer seguir filmando, pues su idea era demostrar que su hija sobreviviría a aquel trance. Se inicia así una narrativa en el que el espectador es testigo de tres años de las diferentes fases de la enfermedad: diagnóstico, tratamiento, ingresos hospitalarios, recaídas, complicaciones. También se objetivan esa amalgama de sentimientos que surgen ante un proceso de enfermedad grave: euforia, resiliencia, negación, ira, miedo, tristeza, conflictos de pareja, etc. Así surge algo no planeado, no previsto,  pues iba a ser una película familiar sobre la vida y curación de esa pequeña Amina, adquiriendo con el tiempo unos tintes muy diferentes.

El valor de este documental no es de hacer de esta historia un “reality” como podríamos imaginar, sino de dar rienda suelta a los sentimientos, pues la mayoría de las personas que sufren este tipo de situaciones complicadas lo hacen en silencio, a solas y sin testigos a ser posible. Aquí se puede palpar la realidad de un Hospital Infantil de Oncología, con sus juguetes, pero también con las bombas de infusión para quimioterapia y otros artilugios de hospital. Los padres se empoderan, buscan grupos de apoyo y hacen una especie de “máster” acelerado en Oncología Pediátrica, descifrando lenguajes e interpretando analíticas.

La realidad supera con creces a muchas historias de la ficción sobre el mismo tema. La leucemia es la enfermedad oncológica más cinematografiada de la historia, posiblemente por el impacto social que produce ver a niños y jóvenes afectados por esta enfermedad. Finalmente se produce un desenlace fatal que hace que emanen sentimientos de “dolor psicológico total”. Se formulan preguntas sin respuestas y la vida parece un sinsentido. En el aire se queda la pregunta de si hay vida detrás de la muerte de un hijo.

Anne se aferra al recuerdo omnipresente de su hija, compartiendo imágenes filmadas con su familia. Tomasso no lo supera. Hechos de este tipo pueden unir más o desestabilizar una pareja como les ocurrió a ellos, pues tuvieron que tomar caminos separados ya que no encontraban el equilibrio necesario tras el fallecimiento de Amina.  Ambos huyeron de Nueva York y se refugiaron en sus sendos paises de origen para mitigar el dolor del recuerdo. Como dice Tomasso: “Aceptarlo no significa superarlo”. A pesar de lo oscura de esta travesía de dolor, Barbara Celis consigue dar un bello rayo de luz al espectador. 


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Lección auténtica de complicidad

Les voy a contar una historia francamente entrañable y que muestra la gran complicidad y generosidad de dos niños, amigos desde su más tierna infancia. Cuando Zac Gossage de 6 añitos perdió su pelo a consecuencia de la quimioterapia recibida por una leucemia, le suplicó a su madre que no quería ir al colegio. Por suerte, contaba con un amigo de 7 añitos de edad, Vincent Butterfield.

Cuando la profesora de Primaria en Missouri dijo a la clase de Zac que éste tenía leucemia, Vincent le dijo a su padre que quería afeitarse la cabeza. “Yo no quiero que él se sienta como el único niño de la clase sin pelo”, dijo Vincent. La madre de Vincent, Karen Butterfield, se sorprendió al ver que en Noviembre, su marido y su hijo se afeitaron sus cabezas. Sin embargo, no se sorprendió al saber por qué. “Vincent es así. Es un niño compasivo. Cuando se le pone algo en la mente lo hace “, dijo Butterfield.

La madre de Zac, Stacy Tooley , dijo que las preocupaciones que su hijo tenía sobre su propia cabeza calva se fueron después de ver que Vincent se afeitara su pelo castaño. “Estoy agradecida de ver que él tenga un amigo tan increíble”, dijo Tooley. Zac y Vincent han sido los mejores amigos desde la guardería. Zac dice que ver a su amigo afeitarse la cabeza le hizo sentirse menos solo.“Me hizo sentir increíble porque yo no sería el único que no tenía pelo”, dijo Zac.

No sólo Vincent se afeitó la cabeza para Zac, sino que en diciembre él y su madre hicieron  bufandas para vender y así recaudar fondos para la familia de su amigo. Se fijó la meta de vender 10 bufandas en Facebook y recaudar cien dólares. A las cinco horas, vendió 20 bufandas y fue capaz de donar 200 dólares a la familia de Zac. “Las vendí para que los médicos pudieran arreglarle “, dijo Vincent.




En estos días, el papá de Zac dijo que su hijo se encuentra muy bien. Él fue diagnosticado el 17 de junio y todavía le queda más quimioterapia por delante, pero todavía va al colegio y sólo echa de menos los días en que tiene que ir al médico para una punción lumbar. 

La madre de Vincent cree ver a su mejor amigo pasando por tanto le ha enseñado una lección importante acerca de tener un espíritu de lucha :“Zac ha ayudado tanto a Vincent como Vincent ha ayudado a Zac”

Traducción libre del artículo del “Today Health” titulado “Little Boy Shaves Head to Comfort Best Friend Fighting Cancer” (Pequeño niño se afeita la cabeza para confortar a su mejor amigo luchando contra el cáncer)

Les dejo con el video en inglés de la noticia:

 

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