El “Slow Style”
¿Es mejor decir lo que uno piensa o pensar lo que uno dice?
Tenemos la gran suerte de que nuestra lengua española es muy rica en vocabulario y en matices, en ocasiones sutiles, en otras importantes. Hemos de procurar buscar sinónimos o formas diferentes de explicarnos para mejorar de una forma asombrosa nuestra comunicación. Las palabras tienen un alto poder de sugestión. Hemos de aprender a emplearlas correctamente. Hemos de buscar más la calidad del lenguaje que su cantidad.
En reiteradas ocasiones se me ha preguntado en cómo les hablo a los pacientes oncológicos sobre su enfermedad y si digo la verdad. en referencia a ella. La respuesta es SÍ. El paciente confía en nosotros y en consecuencia no debemos defraudar esa confianza. Eso no significa, sin embargo, que tenga que cometer “sincericidios”. La verdad dada de forma cruda puede resultar difícil de digerir y, a mi parecer, hay que cocinarla o aderezarla convenientemente manteniendo siempre una máxima: no permitir cerrar puertas a la ESPERANZA, sea cual sea el desenlace esperable. En mi experiencia puedo decir que nos equivocamos con cierta frecuencia en el pronóstico. Puede ser extremadamente cruel y doloroso hablar de cifras estadísticas. Se dice que hay verdades, mentiras y estadísticas. Y es cierto. Pongamos por caso que un paciente presenta un 1% de posibilidades de salir adelante. Si a nuestro paciente le toca ese 1% para él será el 100%. Da igual que tuviera un 99% de posibilidades en su contra. ¿Merece entonces la pena decir una cifra? A menos que me la pidan expresamente, creo que no. Podemos decir que las cosas no están yendo bien, pero que vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano por mejorarle. Un médico no debe olvidar que podemos “CURAR A VECES, ALIVIAR CON FRECUENCIA PERO CONSOLAR SIEMPRE”. Recomiendo a mis colegas la lectura de esta exposición de la psicooncóloga Ariadna González en su blog Psicooncología para pacientes, titulado: “Dímelo, pero dímelo bien. Cómo comunicar malas noticias y no perecer en el intento. Protocolo de 6 pasos. Guía básica para profesionales”.
No sólo fallamos en nuestra comunicación con los pacientes. También lo hacemos a la hora de comunicarnos con nuestros colegas y ello conlleva malentendidos, disputas hirientes, menosprecios y conflictos poco productivos. Así restamos, no sumamos. Es bueno el debate, la deliberación, la argumentación, el sopesar los pros y contras por el bien del paciente, pero siempre desde el respeto y ayuda mútua, desde la cordialidad y la crítica constructiva. Así sumamos y no restamos ¿No creen que así ganamos todos? Cuidemos entonces nuestra comunicación.
El síndrome de Damocles
La espada de Damocles es una frase acuñada en alusión a este cuento para ejemplificar el peligro que entrañan algunas situaciones amenazantes.
El denominado “Sindrome de Damocles” ocurre con frecuencia en los pacientes oncológicos, pues sentir incertidumbre después de haber superado un cáncer puede considerarse normal. Sin embargo ese miedo a la recaída de su enfermedad puede llegar a provocar gran ansiedad y convertirse en patológico.
El síndrome de la espada de Damocles podría definirse como un miedo desmesurado a la recaída de la enfermedad. Como dice mi psiconcóloga de cabecera, Inmaculada Martínez, los pacientes se sienten durante el proceso de tratamiento como funambulistas de un circo, pero con una red debajo que les protege. Pasan entonces de un lado al otro de la cuerda floja optimistas, fuertes, sin miedo, pues tienen la certeza de que si caen no se harán daño y caerán sobre la red. Una vez superada la fase de tratamientos, los pacientes caminan por esa misma cuerda floja, pero esta vez no tienen la red o la “protección del tratamiento activo”. Sienten estar en una montaña rusa cada vez que tienen que hacerse un chequeo médico o hacerse una prueba de rutina. Y es aquí donde puede empezar el problema.
Los pacientes oncológicos viven generalmente con gran desconcierto el proceso de la enfermedad. Al finalizar los tratamientos lo lógico parece que sería recuperar su vida anterior, pero ello no siempre ocurre de manera tan sencilla. Los temores se inician cuando aparecen síntomas de cualquier otra enfermedad común y se comienza a pensar con la idea de que quizás el tumor haya reaparecido o pueda haber una metástasis. También sucede cuando al ser informados de un nuevo caso en alguien conocido o cercano o cuando alguna de ellas fallece. Es habitual pensar en ello cuando se acerca la fecha de la revisión. Se reconoce como patológico cuando ese temor nos domina y no nos permite una vida normal.
Vivimos muchas veces condicionados por la idea de controlar todo nuestro mundo. El supuesto control nos da seguridad y estabilidad. Recuperar la normalidad y aprender a vivir con la idea de que quizás el cáncer vuelva no es nada sencillo, pero no por ello imposible. Lo importante es tomar conciencia de que algo ocurre en nuestro interior y que con ayuda podemos tomar nuevamente las riendas de nuestra vida.
Hay algunos pacientes viven la experiencia de la enfermedad con otro prisma, como una revelación, a pesar de la dureza del proceso, comprenden que el aprendizaje y la experiencia obtenidas son irremplazables y que difícilmente adquiridas con cualquier otro hecho vivido. Aprender a manejar nuestras emociones, plantarle cara al miedo, expresar la rabia y la ira acumulada, puede conseguirse a través de ayuda psicológica o grupos de apoyo. Lo importante es no olvidar y que pase lo que pase saber que no estamos solos.
El cáncer ha pasado a ser una de las epidemias de este siglo, el mensaje positivo es que es curable en muchos de los casos. No debemos olvidar la importancia de autocuidarse en todos los sentidos, de apuntarse a una vida sana física y emocionalmente hablando y sobre todo aprender a vivir la vida aquí y ahora, en el momento presente, porque es lo verdaderamente nuestro y lo que debemos disfrutar plenamente. El pasado ya pasó y el futuro está aún por venir.
50 sombras de Gy: ¿Qué es el daño pulmonar radioinducido?
Formas de presentación:
- Neumonitis rádica: Es el daño pulmonar radioinducido agudo y suele aparecer a los 2-3 meses tras la radioterapia y puede persistir hasta 7 meses tras ella.
- Fibrosis pulmonar: Es el daño pulmonar radioinducido crónico aparece a partir del año de la irradiación. Podríamos decir que es una “cicatriz” pulmonar que deja la irradiación a este nivel.
¿Por qué se produce?
El tejido pulmonar es particularmente radiosensible. Podríamos decir que el pulmón está compuesto por un sistema de pequeños conductos ramificados acompañados de vasos sanguíneos que finalmente desembocan en los alveólos, unos pequeños sacos esponjosos donde se produce el intercambio de gases.
En el dibujo se representa lo que sería la unidad funcional del pulmón, el acino pulmonar que incluye el bronquiolo terminal y los bronquiolos respiratorios que finalizan en el saco alveolar y cada uno de éstos contiene muchos alveólos.
- Grado I: El paciente está asintomático y el diagnóstico es radiológico.
- Grado II: El paciente está levemente sintomático (tos seca), pero los síntomas no interfieren en las actividades básicas de la vida diaria
- Grado III: El paciente muestra síntomas que interfieren en las actividades básicas de su vida diaria, precisando oxigenoterapia varias horas al día.
- Grado IV: Se produce una insuficiencia respiratoria severa precisando oxigenoterapia 24 horas o incluso soporte ventilatorio.
Factores de riesgo: (Extraídos de este artículo médico)
- Volumen y dosis de radiación: Éste es un dato que los radioncólogos tenemos muy en cuenta a la hora de planificar la radioterapia. Durante el proceso de planificación se intenta que haya el menor volumen de tejido pulmonar sano que reciba una dosis crítica de radiación. Utilizamos además fórmulas (NTCP) que predicen la probabilidad de tener esta complicación.
- Edad: Los pacientes con edades superiores a los 70 años parecen ser más susceptibles a padecer esta complicación.
- Localización pulmonar: La irradiación del volumen pulmonar medio e inferior aumenta más el riesgo de neumonitis que la irradiación de la parte superior o vértices pulmonares.
- Tabaquismo: Resulta curioso, pero parece que los fumadores presentan una discreta menor frecuencia de neumonitis rádica que los no fumadores. En cualquier caso, los síntomas que presentan los fumadores son muy parecidos a la neumonitis lo cual puede llevar a resultados algo contradictorios.
- Morbilidad pulmonar: Tanto las enfermedades pulmonares crónicas como las cardíacas pueden dar lugar a un aumento de la toxicidad pulmonar por radiación debido a que “llueve sobre mojado” y hay un volumen crítico de pulmón que al verse afectado puede precipitar los síntomas de la neumonitis. Los pacientes con una capacidad vital pulmonar limitada de base tienen un mayor riesgo.
- Quimioterapia previa: Resulta sorprendente, pero en los estudios sobre el tema, la quimioterapia secuencial, es decir, previa a la radioterapia aparece como un factor que aumenta la toxicidad pulmonar frente a la quimioterapia concomitante (dada en el mismo tiempo que la radioterapia). Como indica el estudio referenciado, es difícil sacar conclusiones sobre estos resultados, pues puede que haya un sesgo en el tipo de pacientes tratados de una forma o de otra y por tanto no se pueden comparar. Otra explicación sería que la quimioterapia previa podría aumentar la radiosensibilidad pulmonar ya que se dan dosis más altas que en las formas concomitantes.
Clínica:
- La mayor parte de los pacientes que presentan una neumonitis rádica están asintomáticos y son diagnosticados a través de pruebas radiológicas de control. En ellas se observa de forma característica una opacidad pulmonar o “infiltrado rectilíneo” que parece dibujar el campo de irradiación (tal y como muestra la radiografía de arriba)
- Tos seca persistente
- Fiebre
- Disnea subaguda o aguda
- Insuficiencia respiratoria
Tratamiento:
- Los corticosteroides orales han sido el pilar del tratamiento de la neumonitis por radiación, a menudo con resultados muy buenos con una tasa de respuestas de hasta el 80% en la mejora de los síntomas. Sin embargo, los corticosteroides no influyen en la supervivencia, incluso en pacientes que desarrollan neumonitis por radiación grave. La profilaxis con corticosteroides no se ha demostrado su eficacia, pero algunos estudios sugieren algún beneficio.
- Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) (utilizados para la hipertensión arterial) se ha demostrado que inhiben la neumonitis en un modelo animal. No hay todavía estudios que demuestren su eficacia en humanos.
- Los corticoides inhalados pueden minimizar los efectos secundarios de los corticoides orales y se utilizan de forma rutinaria en el tratamiento del asma. Los esteroides inhalados se están utilizando de forma creciente para el tratamiento de otras enfermedades pulmonares tradicionalmente tratados con esteroides sistémicos.
- Si existe insuficiencia respiratoria acompañante se deberá asociar oxigenoterapia y otros tratamientos inhalados de soporte.