Cineterapia oncológica: Antonio Vega. Tu voz entre otras mil. España. 2014. Paloma Concejero. 5/5 (3)

“Antonio Vega. Tu voz entre otras mil” es una película-documental dirigida por la periodista Paloma Concejero y que fue estrenada en Mayo de 2014. En ella se recogen retazos inéditos de la vida del genio, poeta, cantante y compositor que forma ya parte de la historia de la mejor música pop española contemporánea. El escritor Bosco Ussía, autor de la biografía de Antonio Vega en su libro “Mis cuatro estaciones” tuvo el privilegio de recoger durante cuatro años a través de una grabadora, partes inéditas de la biografía de Antonio Vega contadas en primera persona y en las que habla de su existencia, de su personalidad y de sus creaciones. Gran parte de esas grabaciones forman parte del hilo conductor de la película.

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Cineterapia oncológica: El vuelo del tren. España. 2011. Paco Torres.

El vuelo del tren cuenta la historia de Blanca (interpretado por Patricia García Méndez), una madre soltera, a la que  le comunican que la leucemia que padece su hija se ha agravado y tiene que volver al hospital para seguir un tratamiento intensivo, se da cuenta de que debe entregarse a ella en cuerpo y alma para ayudarla a combatir la enfermedad. Gracias a esa lucha compartida, surgirá entre ambas una relación más estrecha que nunca; sobretodo, porque Blanca descubrirá el inmenso valor que tienen los pequeños detalles en un proceso de curación, y aprenderá, además, a convertir la fragilidad en fuerza, y la adversidad y el dolor en esperanza.

La película fue rodada durante siete semanas entre el 2009 y 2010, en la ciudad de Dos Hermanas, Sevilla. La extensión del rodaje y de la postproducción en Molinare Madrid, convirtieron el proceso de creación de la película en un viaje orgánico hacia el encuentro real de la historia,

Esta es la memoria escrita por el propio autor Paco Torres:

Ya han pasado diez años desde que se me ocurrió escribir esta historia en Barcelona.

El vuelo del tren” parte de un pequeño cuento que escribí cuando tenía doce años, un relato donde un niño cumplía un deseo imposible. Y esta utopía del personaje, quizás me haya marcado en muchas cosas personalmente a lo largo de mi vida, sobre todo en el empeño de sacar las cosas adelante con trabajo y dedicación.

Con esta premisa, me siento delante de las teclas de un antiguo portátil Gateway de seis kilos de peso, eso era un robot más que otra cosa, y me pongo a escribir una historia intimista, llena de virtudes y defectos, donde quiero llegar al público por la frescura, fuerza y ternura de los personajes, en especial el de la madre, Blanca. Es como un retrato social y delicado que reivindica los sentimientos y las emociones, y sobre todo el contraste entre el si y el no, entre la noche y el día, en definitiva, el contraste dual de la naturaleza y del propio ser humano.

Dicen, que una película se hace en el guión, en el rodaje y en el montaje, y a eso me gustaría añadir que uno conoce la película que quiere contar cuando ha acabado de rodarla y la ha dejado reposar un tiempo.

Y así resulta este film sincero, honesto, de gran compromiso social y de justicia, donde se disfruta visualmente del dolor de una madre por la posible pérdida de su hija, sin caer en el sentimentalismo gratuito, y avanzando en un conflicto interno lleno de descubrimientos, donde Blanca es una mujer separada, que vive con su hija, y que por circunstancias de la vida ha perdido la capacidad de creer, soñar y apreciar las cosas más cercanas. Un día le comunican que su hija ha vuelto a recaer en la leucemia y luchará contra corriente enfrentándose a la posible pérdida de ésta. Blanca se hace más frágil y descubre la forma de ayudar a su pequeña aprendiendo de los pequeños detalles, de la gente que sufre en la calle, averiguando que las cosas son lo que uno quiere que sean y convirtiendo la adversidad y el dolor en esperanza.

Como director y contador de historias, os diría que Blanca luchó muchísimo y se encontró muchas barreras en su camino. Les diría que es muy fuerte y con grandes convicciones y que cuando besa a su hija Aran, la besa con todas sus fuerzas, apretándola infinítamente y queriendo sentir su alma.

Sé que no puedo cambiar el mundo, que las guerras seguirán, el hambre estará presente, el odio y el egoísmo compartirán las vidas de las personas, pero si yo, con un pequeño granito de arena, puedo emocionar y hacer brillar las vidas de cada persona que vea la película, me daré por satisfecho.

Me gustaría que este film transporte al público a un lugar diferente, donde nunca antes haya estado, pero una vez allí comience a reconocer las cosas y se identifique con ellas.

Yo, en mi extenso y duro recorrido, he aprendido que hay que conocer la miseria para disfrutar del éxito, ya lo dijo Chaplin. El mañana es hoy, y hoy ya es ayer.

Storyline“Aprendiendo del dolor, aprendemos a vivir.”

Otros storylines & Taglines

“Las cosas son lo que uno quiere que sean”
 “El que no ha sufrido el dolor no puede hablar de el”

“El descubrimiento de la esperanza a través del dolor”

“Los pequeños detalles son los que cuentan”

La magia es la esperanza del que sueña despierto”

“En la vida, hay que preocuparse de lo que realmente merece la pena”

“Si es bueno vivir, mejor es soñar, y lo mejor de todo, despertar” Antonio Machado.

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Cineterapia oncológica: “Huellas”. España. 2007. Liberto Rabal

“Huellas” es un cortometraje en la que la protagonista, una enfermera llamada Sandra (interpretado por Adriana Davidova) mantiene un diálogo interno y relexiona sobre la empatía. Se profundiza en el aspecto quizás menos explorado de la vocación de ayuda, recogiendo las sensaciones que habitan en el micromundo de la Sección de Urgencias donde Sandra trabaja en contacto directo con lo más íntimo y frágil de las personas: accidentados, infartos, convulsiones febriles, pacientes oncológicos, etc que a veces tan solo por unos momentos, necesitan de su atención, sus conocimientos y su cuidado para recuperar el bienestar, para seguir en el día a día, para el alivio del dolor, para la cura. En ocasiones para lograr simplemente sobrevivir. Aborda el tema de las profesiones sanitarias a partir de experiencias y testimonios auténticos. ”Huellas” ha recibido premios al mejor cortometraje, dirección, interpretación y guión, entre ellos el premio AET 2007.

El cortometraje “Huellas”, fue dirigido por Liberto Rabal, nieto de Paco Rabal, en el que nos cuenta las vivencias cuando en el ejercicio de la profesión se encuentran con la dificil papeleta, de separar o no, los sentimientos delante de una persona que sufre. Refleja con cierto realismo la situación de una enfermera, cuando ejerciendo su profesión, se enfrenta al mismo tiempo con la difícil realidad de ver como sufren los pacientes, y como ese sufrimiento hace sufrir también al médico o a la enfermera.

Según habla el propio Liberto Rabal sobre este cortometraje:

“A través de la mirada de Sandra y de lo que ella vivencia, asistimos a una realidad donde la vida se manifiesta de manera poderosa e imperfecta, y donde el principal sostén de esta mujer aislada de la normalidad a causa de su trabajo y del continuo contacto con el dolor, la enfermedad, la indefensión y la muerte, es el conocimiento veraz de que no existe mayor milagro que el de ayudar a otro ser humano.

La producción y realización de HUELLAS partió de un guión construido tras numerosas entrevistas y conversaciones grabadas con enfermeras reales. Y el poder contar con un material de referencia fiable nos permitió desarrollar un tipo de trabajo que es el que a mí, como director, me interesa…

La sección de urgencias de un hospital es un espacio determinado por factores poderosos y necesariamente complementarios. Existe un proceso de funcionamiento que se desarrolla en infraestructuras encaminadas a garantizar, en la medida de lo posible, la vida, la salud y el bienestar. Pero esas infraestructuras son funcionales tan sólo gracias a un equipo humano inmerso en un proceso íntimamente ligado a las necesidades reales e inmediatas de todas aquellas personas que dependen urgentemente de una actuación eficaz por su parte. Ese equipo de profesionales sanitarios está formado por indivíduos que han decidido desarrollar su vocación profesional asumiendo un contacto permanente con lo más vulnerable, frágil y expuesto del ser humano. Con lo que ello conlleva.

El reto como director era estructurar una forma audiovisual expresiva y coherente a partir de una propuesta de trabajo eficaz que permitiera a estos elementos dados desarrollarse y ser efectivos. Y para ello mi atención se centró en encontrar una forma de narrar que se sumara al estilo preciso, íntimo y directo del guión donde cada pieza estaba encajada.

Creo que todo el equipo fué consciente de la maravillosa oportunidad que representaba el poder rodar en un hospital real que se encontraba en pleno funcionamiento. Pero he de reconocer que en lo personal sentí miedo. Miedo de enfrentarme al hecho de que cada escena sería un reto desconocido, miedo de la posibilidad extrema de fracasar en la construcción verosímil de la enfermedad, del dolor, y del universo del hospital y sus componentes diferenciadores.

Me enfrenté a HUELLAS asumiendo la construcción de un guión técnico detallado plano por plano, fotografié los decorados. Dediqué una especial atención a la dinámica de trabajo con los actores. Pero una vez en el rodaje caí en la cuenta, con verdadero pavor, de que por muchas horas de conversación que yo hubiera escuchado una y otra vez con diversas enfermeras, para lograr recrear cada una de las situaciones y poder guiar correctamente su desarrollo, era necesario partir de la realidad más absoluta de los procesos inmediatos que vivían los personajes.

Me explico.Si una situación implica narrar el proceso de un hombre que ha quedado hemipléjico debido un accidente, no basta con ese detalle “en general”. Aunque parezca exagerado, para mi fué necesario establecer en que vértebra concreta estaba la lesión, concretar qué pruebas se realizan desde el primer al ultimo día en el hospital, la tensión arterial real del paciente teniendo en cuenta las sustancias antiinflamatorias y los opiáceos contra el dolor. De pronto lo importante era encontrar un médico de guardia que hiciera los vendajes correctamente, una enfermera que, harta de realizar esa rutina todos los días, mostrara fria y concisamente los protocolos exactos necesarios con tal o cual paciente. Enfrentado a la inmediatez del reto que tenía entre manos, las elucubraciones intelectuales sobre lo que hace, quiere, deja de querer o necesita tal o cual personaje me parecían tiempo perdido. Lo realmente útil en la etapa de rodaje es asentarse de un modo pleno y seguro en lo concreto de un determinado universo y de una determinada situación dentro de ese universo. Son los detalles concretos los que despiertan la creatividad y la imaginación, la vida en definitiva.

En nuestro día a día estamos rodeados de circunstancias y movimientos concretos que no determinan nuestra emoción, pero sí el fluir del tiempo en que esa emoción ocurre.

“Dar a la naturaleza su fiel reflejo” Lo dijo Shakespeare, y como no, estaba en lo cierto. Crear vida es dejar ocurrir la vida, pero la vida solo ocurre sobre bases reales. Y con REALES quiero significar enteras, completas, dimensionadas, particulares.

El guión de HUELLAS se escribió con un objetivo determinado, deseando transmitir algo determinado. Cuando uno hace un trabajo así debe atenerse a lo escrito. Pero esa condición, lejos de impedir la apertura de la estructura dramática, nos permitió trabajar desde un lugar auténtico.

La realidad, el detalle, el punto de partida completamente dimensionado, debe ser libre y leal a lo que se desea contar, en otras palabras, no hay reglas específicas, solo la voluntad de “acechar” un mundo, y de hacerlo con todas las consecuencias y con toda la humildad.

Para mí como director fue tremendamente enriquecedor situarme en el lugar del que “sólo sabe que no sabe nada”, un lugar en el que nada es demasiado pequeño para preguntarlo, conocerlo y contárselo a tus actores que, según mi forma de ver las cosas, son la parte del equipo que realmente puede y debe ser cómplice en este proceso.

Creo que desde ese trabajo, desde esa actitud de curiosidad obsesiva y respeto no solo por la forma dramática, sino por el contenido que esa forma dimensiona en orden a contar una determinada historia, es posible hacer películas que toquen algo interno e intimo. Que sorprendan y despierten un lugar nuevo.

Y creo eso porque vivimos en la sociedad de la información, un mundo en el que fácilmente cualquiera puede descubrir, aunque sea de modo inconsciente, que los procesos que le estas contando no son así como se los cuentas, como se los enseñas. Es evidente que lo que aquí escribo no es una novedad. Muchos han sido los que han buscado y encontrado referencias concretas de las que partir para construir su historia. Para tratar de que esa historia que cuentan deje huella.

En definitiva una huella es un rastro, una seña, el vestigio que deja alguien o algo. Una impresión profunda y duradera. Una huella es la expresión tangible de la existencia de una entidad, la huella es al mismo tiempo mensaje y comunicación.

Para mí, que utilizo el cine como medio de comunicación, HUELLAS ha sido un encuentro intenso con el trabajo en equipo. Como director me siento muy afortunado de haber podido contar en mis películas con la asombrosa capacidad como actriz de Adriana, y he de decir que en HUELLAS su creación de Sandra; inteligente, sobria y absolútamente verídica, pero a un tiempo llena de emociones y momentos inesperados, fué un regalo imprescindible, una valiosa herramienta para un montaje y una postproducción que han sido los más agradables y creativos que he tenido hasta la fecha.

Es siempre en el montaje cuando me doy cuenta de la tremenda complicidad profesional de mis actores, que han sabido dar cuerpo a un universo construido sobre su trabajo y su generosa entrega. Actores, actrices que han sido capaces de encarnar y vivenciar sus personajes plenos de vida, de verdad y sencillez.

HUELLAS es sobre todo una historia sencilla, y creo que es esa cualidad la que permite que las sensaciones que ofrece lleguen de manera tan directa. Para todos nosotros es una satisfacción el reconocimiento que este cortometraje está recibiendo, tanto por parte de numerosos profesionales sanitarios (En la proyección de HUELLAS en el Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes, seguida de un debate moderado por Javier Angulo, acudieron profesionales del sector sanitario que mostraron su entusiasmo por el rigor, respeto y veracidad con el que ha sido tratado su entorno laboral y emocional.”) como por los premios recibidos. (Premio A.E.T. 2007, Festival Baja California, Zemos 98, Escorto 2007, etc…)

Pero finalmente, para mí, la huella más importante, la impresión más profunda y duradera, es la gratitud que siento por todas las personas que han dado generosamente su espacio, su tiempo, su talento, su dedicación, su esfuerzo y sus invencibles confianza y alegría.

A todas esas personas; a las enfermeras, a los médicos, a mi joven y entusiasta equipo técnico, a los niños y niñas que se comportaron como profesionales , a sus padres, a mis valientes actrices y actores. A todos y cada uno de ellos y ellas. A todos y a cada uno de vosotros, por este surco dejado en mí, por esta marca, por este rastro que permanece y permanecerá como señal del camino que recorrimos juntos. Gracias”

En “Huellas” no sólo se advierte el lado humano del paciente, sino también del profesional que ayuda y siente buscando ese difícil equilibrio entre profesionalidad y afectividad. Todo un lujo. De verdad.

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Cineterapia Oncológica: “Contigo”. España. 2012. José Ángel Delgado Frías.


El cortometraje “Contigo” está producido por Montijano Comunicación, Cosmos Fan y Sintregua para la Asociación Aragonesa de Cáncer Genital y de Mama (AMACGEMA) e interpretado altruistamente por los actores Gabriel Latorre, María José Moreno, Leticia Pascual, Miki López, Andrea Dueso e Isabel Montijano. La música es de Miguel A. Remiro.

Las vidas de seis personas están conectadas por algo en común, aunque ellos no lo saben. La cinta pretende concienciar acerca de la importancia del entorno familiar sobre las mujeres afectadas por el cáncer genital y de mama. El corto está concebido como herramienta para acompañar en las numerosas charlas y debates de la asociación. Muchas veces, el entorno familiar o de amistades cercanas de las afectadas no saben cómo tratar con ellas el tema y, a veces, sin darse cuenta, se alejan de ellas o las sobreprotegen.

“Contigo” es un proyecto realizado sobre todo para jóvenes y adolescentes. Según ha indicado Aybar, “vamos a desarrollar un ciclo de conferencias en los colegios e institutos de Aragón para generar debate sobre este corto, y por eso se ha buscado mucha conexión con el público joven”. El guión original es de dos exalumnos de la Universidad San Jorge, Iván Ayala y Angela Bergua, que participaron en un concurso cuando estudiaban en ese centro. El director del cortometraje, José Angel Delgado, ha destacado que “es una cinta muda, en la que lo sensorial y lo emocional adquieren gran importancia como los juegos de miradas y los detalles que aparecen y desaparecen”. Asimismo, ha señalado que “narra la historia de seis personas que se entrecruzan en las calles de Zaragoza, todas con un denominador común que es el cáncer. De hecho, uno de los momentos más duros, también en el aspecto técnico, fue cuando hubo que dejar sin pelo a varias de las protagonistas”.

AMACGEMA  ha presentado el corto “Contigo” en el Primer Concurso de cortos que ha organizado SEOM (Sociedad Española de Oncología Médica) cuyo lema es: “En Oncología cada avance se escribe con mayúsculas”. Una bonita iniciativa para visibilizar este tipo de trabajos que podrían caer en el olvido. Sin duda “Contigo” consigue transmitirnos la importancia de las pequeñas cosas que se convierten en grandes para el paciente oncológico. Os aseguro que os gustará.

https://www.youtube.com/watch?v=Q4XTByq1KfY

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Cineterapia oncológica: La música nunca se detuvo (“The Music Never Stopped”) EEUU, 2011, Jim Kohlberg 5/5 (4)


“La música nunca se detuvo” es una película basada en el estudio de un caso clínico publicado por el neurólogo inglés Oliver Sacks que lo materializó en el libro titulado “El último hippie”. Está ambientada en la década de los años 80 y retrata un conflicto generacional clásico que se remonta a los felices años 60. Gabriel, interpretado magníficamente por Lou Taylor Pucci, es hijo único de una familia de clase media americana. Es un joven vitalista y amante del rock, vocalista de una banda de música en su barrio, cuyos ideales le llevan a un choque cultural infranqueable con sus padres Henry y Helen Sawyer (interpretados por J.K Simmons y Cara Seymour) que le obligan a marcharse de casa. Gabriel desaparece de la vida de sus padres durante casi 20 años y el reencuentro se produce en un hospital debido al diagnóstico de un tumor cerebral. Debido a la localización del tumor, Gabriel es incapaz de distinguir el pasado del presente. Lo único que le mueve, le emociona y le hace recordar es la música que él escuchaba en esa época: Bob Dylan, Los Beatles, Los Rolling Stones, Crosb, Stills & Nash, Buffalo Springfield y muy especialmente los Grateful Dead. Dado que la neurología no consigue dar herramientas ni respuestas a la demanda de sus padres para comunicarse de forma eficaz con su hijo, su padre consigue encontrar una terapeuta musical, interpretado por Julia Ormond, para que le ayude en ese difícil camino. Y aquí se obra un pequeño milagro que emociona al espectador.

En el filme se habla de un tumor benigno, pero a juzgar por la única imagen de TAC que aparece y su gran tamaño es posible que se trate de un glioma de bajo grado o intermedio. Son tumores de crecimiento lento o silente, pues apenas dan sintomatología y cuando la dan es debido a un tamaño importante o porque ha cambiado su grado de malignidad, pudiendo ocasionalmente convertirse en gliomas de alto grado o glioblastomas. El tratamiento en los gliomas de bajo grado es la cirugía, como en el caso que aquí se presenta y la radioterapia se reserva para los de mayor grado tras la cirugía.

Una de las cosas más bonitas que nos muestra la película es la capacidad que tiene la música para transportarnos a recuerdos lejanos, revivirlos y emocionarnos. Creo que es algo que muchos de nosotros hemos experimentado y ese vínculo funciona en ocasiones de una forma, me atrevería a decir, casi mágica. Una escena curiosa de la película es ver a Gabriel pasar de un estado casi catatónico a una respuesta emocional sorprendente al tocar con una trompeta que le deja su padre el inicio de “La Marsellesa”. Ante esta señal, la terapeuta musical le pone un disco de dicho himno e inicialmente Gabriel se emociona, pero luego le sobreviene un malestar que nos resulta incomprensible. Por obra de la casualidad y cierta perseverancia de la terapeuta logra encontrar una respuesta a ese comportamiento. El himno de “La Marsellesa” es el preludio de la famosa canción de los Beatles “All you need is love”. Al escuchar sólo el himno, Gabriel se sentía frustrado porque no era esa la canción que quería escuchar, sino la de los Beatles. Al ponerle el vinilo con la canción, Gabriel se emociona y empieza a hablar minuciosamente de sus sentimientos remontados a esa época.

En secuencias retrospectivas, conocemos el amor a la música que esta familia comparte. Surge tensión cuando las preferencias musicales de adolescente de Gabriel por los Grateful Dead chocan con los gustos de Henry por Bing Crosby. Henry de la vieja guardia, sencillamente no capta la onda de su hijo. La música despierta a Gabriel pero no cualquier música; tiene que ser rock de los 60. Así que el padre, que desea desesperadamente reconectar con el hijo a quien echó de la casa, deberá aprender a amar la música que ocasionó el distanciamiento. El curso de inmersión de Henry en la música de los 60 le da al director Jim Kohlbert una excusa para tocar una lista extraordinaria de canciones que serán un nirvana para cualquier amante de la música.

Henry, papel genialmente interpretado, es un hombre que carga con el peso de su arrepentimiento y le lleva a uno lleno de esperanzas. Otra particular escena final, memorable y preciosa de la película es la que se nos presenta a un Henry sesentón con una camiseta y un pañuelo teñidos al estilo hippy divertiéndose de lo lindo con su hijo en un concierto de los Grateful Dead. Una de las mejores cosas de esta película es la manera en que actúa de forma propia la musicoterapia sobre el espectador, pues deja a la audiencia perdida en sus propios recuerdos.

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