Catorce veranos después 5/5 (1)

Querido F:

Hoy hace ya la friolera de catorce años que te fuiste y, aunque el calendario se empeñe en señalar la fecha con exactitud, la memoria no entiende demasiado de calendarios. Aparece cuando quiere y casi siempre lo hace sin avisar. A veces te encuentro en una canción, en una frase o en una noticia que sé que te habría interesado.

No siempre me entristece el recuerdo. Con frecuencia, se limita a una presencia silenciosa y familiar que ya forma parte de mi vida. No necesito buscarla, porque aparece de forma natural entre cosas cotidianas.

Catorce años son muchos. Lo suficiente para que casi todo haya cambiado, aunque los cambios importantes suelen producirse sin hacer demasiado ruido. Ese nieto pequeño al que apenas conociste será ya un adolescente. Mis hijas también han crecido. Y yo, casi sin darme cuenta, he entrado en esa etapa de la vida que ahora llaman “senior”.

Hay otra diferencia este verano. Por primera vez siento que ya no miro aquella edad desde la distancia. Empiezo a acercarme a ella. Y eso va cambiando la  perspectiva. Comprendo de una forma mucho más concreta todo lo que una vida puede dejar sin vivir. Quizá por eso relativizo tantas cosas que antes me parecían importantes.

La vida va cambiando mientras nosotros estamos ocupados haciendo planes. Un día miramos alrededor y descubrimos que casi todo es distinto, aunque la casa siga pareciendo la misma.

Hay muchas cosas que, posiblemente, se quedaron sin contar. No solo las grandes noticias, sino también esas pequeñas historias que terminan construyendo una vida. Este año te hablaría de un Manual de Buenas Prácticas de Humanización en Oncología que pronto verá la luz. Me gustaría explicarte que, para mí, humanizar no consiste en decorar los hospitales, ni en añadir gestos amables como un adorno, ni en llenar los discursos de buenas intenciones. Humanizar significa no olvidar nunca que la persona que tenemos delante conserva su historia biográfica, sus afectos, sus temores y su dignidad, incluso cuando la enfermedad parece ocuparlo todo.

Quizá te sorprendería saber cuánto de aquello que aprendí contigo sigue apareciendo en mi forma de entender la Medicina. No como un recuerdo consciente que me acompañe cada día, sino como esas raíces que permanecen bajo tierra y sostienen lo que después crece. Hay experiencias que no elegimos, pero que terminan modificando nuestra manera de mirar a los demás. Tal vez este trabajo sea también una forma de ordenar todo lo aprendido y de intentar que el cuidado no dependa únicamente de la sensibilidad particular de quien se encuentra al otro lado de la mesa.

Sorprendentemente, catorce veranos después, sigo teniendo cosas que contarte. Hay conversaciones que el tiempo no termina; simplemente cambian de lugar. Y eso significa, de alguna manera, descubrir que el diálogo no termina cuando desaparece tu voz.

 

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Once años de ausencia 5/5 (13)

Querido F:

El tiempo puede parecer un concepto abstracto, pero cuando se trata de una pérdida como la tuya, se convierte en un recordatorio constante de lo rápido que avanza la vida. Hoy, mientras reflexiono sobre los once años transcurridos desde que nos despedimos, siento la necesidad de rendirte homenaje y recordar el impacto perdurable que tuviste en las vidas de muchos de nosotros. Reconozco que, aunque ya escribo poco en este blog por distintos avatares de la dura vida, he creído  importante hacerlo para celebrar la huella que dejaste y encontrar consuelo en los recuerdos.

La pérdida de un ser querido es una experiencia universal a la que todos nos  enfrentaremos en algún momento de nuestras vidas. Es un proceso complejo y personal que puede llevar tiempo aceptar y sanar. Después de estos años, puedo decir que el dolor nunca desaparece por completo, pero se convierte en un recordatorio de cuánto has significado.

En estos once años he visto, afortunadamente, cómo la ciencia ha avanzado en el campo del cáncer de pulmón y ha mejorado su supervivencia.  A veces fantaseo con la idea de cómo se te hubiera tratado en caso de haber sido hoy tu diagnóstico. Posiblemente sería algo distinto y mejor. En cualquier caso, eso siempre nos ocurre cuando juzgamos el pasado en un contexto actual y ya carece de sentido, pero me produce cierta alegría comprobarlo ahora a través de mis pacientes.

De cualquier modo ahora prefiero fantasear con tu sonrisa cálida y ese espíritu generoso que iluminaba cualquier espacio. Contigo aprendí la importancia de dar vida a los años que nos toque por suerte vivir, en lugar de empeñarnos a sobrevivir a cualquier precio. Tus años vividos fueron un auténtico regalo para los que tuvimos la fortuna de acompañarte.

A medida que pasa el tiempo, los recuerdos se vuelven aún más preciosos. Las risas compartidas, las conversaciones profundas y los momentos de alegría se vuelven tesoros en nuestra memoria. Aunque pueda doler recordar, es importante honrar y celebrar la vida que viviste.  Dejaste  un legado de afecto que continúa inspirándonos en nuestro propio camino.

Hoy, en el undécimo aniversario de tu partida, te quiero dar las gracias por ser como eras. Estoy segura de que tu legado nos seguirá fortaleciéndonos en los años venideros y siempre vivirás en nuestros corazones.

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Octavo aniversario 5/5 (7)

Querido F:

Te escribo ocho años después de tu partida, desde un mundo extraño, inimaginable tan sólo hace unos meses. Los besos, los abrazos y las reuniones familiares, eso tan nuestro, se nos ha arrebatado por culpa de un mal bicho cuyo nombre empieza por “C”. Le llaman coronavirus. Ataca, en algunos casos con voracidad inusitada nuestros pulmones, dejándonos sin aliento. Sin aliento a los enfermos que han yacido en el hospital y a los que hemos trabajado en los centros sanitarios, porque nos enfrentábamos ante algo desconocido, invisible y desconcertante.

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Los cerezos en flor 5/5 (11)

Querido amigo:

La naturaleza con sus cambios estacionales era una de tus pasiones, junto al dibujo, el arte o los paseos en bicicleta. Revisando estos días tus mensajes me encontré con esta instantánea de los cerezos en flor, majestuosos y llenos de su propio esplendor primaveral, invitándome así a acercarme en esa época del año al Valle de las Caderechas para disfrutar de ese sublime despertar. Queda así apuntado en mi libreta de visitas pendientes y te aseguro que cuando los vea, me acordaré con cariño de ti.

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