Radioterapia: “Lo sentimos. Cerrado por vacaciones” 5/5 (6)

Es una práctica muy habitual, llevada a cabo por los gestores sanitarios, que en época estival se cierren quirófanos, camas de hospital o consultas. Ello obedece a un ajuste en las plantillas que se ven mermadas en esta época como consecuencia del necesario disfrute de las vacaciones del personal sanitario.  Nos hemos mentalizado que es así y parte de la población lo ha asumido como algo “normal”.

Lo que resulta cuanto menos chocante es el cierre de una unidad de radioterapia por ese motivo. No conozco en todos los años que llevo ejerciendo como médico especialista (veinticuatro años) un hecho tan inaudito como este. Ha ocurrido en Reus, saltando la noticia en diversos medios de comunicación.

Voy a tratar de explicar con datos lo que ello significa. El nuevo hospital Sant Joan de Reus dispone de dos aceleradores lineales y otro más en el antiguo hospital que funcionaba con normalidad. Está pendiente la licitación de un tercer acelerador en el Hospital nuevo para un plazo de 2-3 años. Tortosa cuenta con otra unidad que es satélite de Reus. En total Tarragona dispone de 4 aceleradores para una población de referencia de 800.000 habitantes. El ratio que se considera aceptable en Europa es de 7 aceleradores por cada millón de habitantes, es decir que Tarragona debería tener 5,6 aceleradores. Si los números no me fallan Tarragona tiene un déficit actual con el cierre del acelerador lineal de 2,6 aceleradores. Se estima que el número total de pacientes que se tratan en Tarragona al año son unos 1.800.

Por razones puramente coyunturales de la época estival se ha decidido cerrar desde el 16 de Julio al 30 de Septiembre el funcionamiento de la unidad del antiguo hospital, derivando esos pacientes a finalizar los tratamientos en el nuevo hospital con la consiguiente sobrecarga de los dos aceleradores del nuevo hospital. A menos que todos los aceleradores sean gemelos, es decir, con las mismas características técnicas, dosimétricas y geométricas, los tratamientos no son superponibles y se debe rehacer el cálculo y la planificación de tratamiento ajustado a la nueva unidad. Eso significa duplicar un trabajo que ya estaba hecho, pues habitualmente los pacientes que se tratan en una unidad se procura que sean tratados en la misma para evitar este tipo de problemas.

Los tratamientos de radioterapia están adquiriendo cada vez más complejidad y a su vez los aceleradores lineales son más sofisticados. Ello exige tiempo de máquina para que los radiofísicos hagan sus comprobaciones y mediciones periódicas, tanto del buen funcionamiento de las máquinas como del correcto cálculo y reproducibilidad dosimetrica de los tratamientos de radioterapia con intensidad modulada. Los nuevos aceleradores disponen de un exquisito sistema de control de calidad que hace que con frecuencia se produzcan pequeñas averías o incidencias (incluso aunque los aceleradores sean nuevos) que obligan a parar y disponer de tiempo para que el servicio técnico de mantenimiento los solvente. Explico todo esto para que se entienda de que no todo el tiempo de máquina se invierte en los pacientes. Hay una parte importante del tiempo invertido en controles de calidad y ajustes. Trabajar sobrecargados no es una buena política, ni para los pacientes ni para los profesionales, pues además del estrés o el desgaste profesional que ello supone hay que ser extremadamente meticuloso para no cometer errores.

Cerrar por vacaciones una unidad de radioterapia no es como cerrar un bar y a la vuelta lo pongo otra vez en funcionamiento. Como ejemplo gráfico a nadie se le ocurre dar de baja la luz, el agua o el gas por vacaciones para luego darlos de alta en el regreso, ya que ese trámite es más complejo y se consume más tiempo que lo que te puedes ahorrar por darte de baja.  Lógicamente ni que decir tiene que cerrar significa rescindir contratos de personal o reducir su jornada.

En verano tampoco se produce una reducción de la incidencia del cáncer, ya que esta enfermedad no sigue un patrón epidémico como la gripe. Habitualmente incluso observamos un pequeño repunte de casos, debido a que nosotros acogemos al paciente que han sido operados o diagnosticados por otros servicios. Al personal médico no se le suele sustituir por vacaciones y son los compañeros los que se reparten el trabajo de los ausentes y lo mismo ocurre con los radiofísicos.

Así, si se cierra la unidad del hospital antiguo, nos quedamos con 3 aceleradores de los 5,6 recomendables y un 25% menos de lo que hasta ahora se ofrece. Ello posiblemente se subsane en parte ampliando el horario de tratamientos hasta la noche. Hemos de pensar que los tratamientos de radioterapia son aplicados en forma de sesiones diarias de lunes a viernes durante 20-30 días en un tratamiento estándar y en muchos casos combinados con la quimioterapia con los trastornos que ello supone. Los pacientes deben trasladarse diariamente desde sus domicilios y algunos de ellos deben recorrer un gran número de km al día para recibir su tratamiento. Eso se traduce en esperas interminables, dificultad para hacer sus tareas diarias que repercute en su calidad de vida. Recibir tratamiento por la noche o a horas intempestivas (lo digo por experiencia) es dramático, aunque los pacientes lo lleven con resignación con tal de recibir a tiempo su tratamiento.

Cerrar para luego reabrir en otoño es, sencillamente, un desatino. Abrir cuando se necesite requiere de una previsión, no valen improvisaciones de personal o de flujo de trabajo. Sólo está justificado cerrar una unidad cuando está obsoleta o con una avería grave que no pueda solucionarse con garantías. Si no es así, en mi humilde opinión, se está cometiendo un error que además puede sentar un mal precedente nada aconsejable para nuestra ya maltrecha, maltratada y desconocida especialidad médica.

Vaya por delante que no pretendo crear alarma social, tan sólo concienciación  a mis colegas de profesión y también, por qué no, a la comunidad de pacientes de que determinadas actuaciones en materia de gestión pueden ser desacertadas y debemos replicar y dar voz con sólidos argumentos. La propia Sociedad Española de Oncología Radioterápica ya lo ha hecho a través de su presidente el Dr Carlos Ferrer. Otros compañeros de Tarragona también se han hecho eco de la noticia y agradezco sinceramente su sensibilización y apoyo. Sé positivamente que los pacientes serán de un modo u otro, bien tratados. Lo que aquí expreso es mi opinión personal y mi criterio como especialista, así que mi único conflicto de interés es el de ser radiooncóloga y mi deseo de apoyar a mis compañeros radiooncólogos, MIR, radiofísicos, enfermeras o técnicos de radioterapia del Hospital Sant Joan de Reus para que puedan seguir desempeñando con calidad su encomiable labor con los pacientes oncológicos de Tarragona.

 

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Seis años en busca de sentido 5/5 (10)

Querido F:

Han pasado ya seis años de tu marcha, tratando de buscarle un sentido a la finitud de la vida, al trabajo que desempeño e incluso a esos días que continúan ya sin ti. No es una tarea fácil y cada uno a su manera encuentra el camino para aliviar el dolor de la pérdida, Unos dicen que el tiempo lo cura todo. En realidad el tiempo lo que hace es cambiarnos la perspectiva y allanarnos el camino hacia la aceptación.

Ya sabes que en mi trabajo he tenido que aprender a vivir con la pérdida de muchos de mis pacientes. Detrás de cada uno de ellos hay un aprendizaje y en muchas ocasiones un grato recuerdo con el que trato de avanzar para mejorar las biografías de los que se quedan.  Quizá uno de los sentidos de sus vidas sea la de ayudar altruistamente a otros desconocidos a prorrogar las suyas.

Te sigo recordando. En los momentos de salud y en los de la enfermedad, porque en todos ellos eras igualmente tú. La enfermedad no arrebató la esencia del ser, si acaso le dió un prisma distinto a la forma de ver nuestra propia existencia. Fuiste tremendamente generoso, valiente, cargado de una dulce bondad y cariñoso con todos los tuyos. Eso hace que tu recuerdo perdure y siga siendo grato. El poso que queda es de una gran belleza difícil de describir. Porque tras la muerte no todo es oscuridad y desasosiego. Detrás hay una vida plena con sus risas, con sus buenos momentos, también con sus anécdotas o enfados tontos, pero de cualquier manera con sensaciones que hacen hacernos conscientes de que mereció la pena haberlos vivido a tu lado.

Así que cabe pensar en brindar por lo vivido, por el cariño depositado y todas aquellas cosas buenas que has dejado aquí. Todas ellas construyen tu auténtico legado en todas tus facetas. Con ello vivo y consigo mantener la sonrisa que a ti tanto te gustaba. Ya no concibo no seguir escribiendo esta prosa sencilla que libera las almas. Hasta siempre.

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Cineterapia oncológica: Un doctor en la campiña. 2016. Francia. Thomas Lilti 5/5 (5)

Un “Doctor en la campiña” es un filme de origen francés dirigido por el médico convertido en cineasta Thomas Lilt que trata de relatar el día a día de un médico rural al que de repente se le diagnostica de un tumor cerebral. Jean-Pierre, interpretado por un veterano François Cluzet  encarna la figura de un médico de un pueblecito al sur de Francia que ejerce su profesión con una abnegación diaria y un humanismo impresionante. Escucha atentamente a sus pacientes, goza de un certero ojo clínico e incluso sabe acompañar y encontrar las palabras justas para cada uno de ellos.

Pero ¿qué ocurre si es el propio médico el que enferma? El médico cuando enferma, no es un paciente al uso. Le cuesta reconocerse en la enfermedad por la que por otro lado tanto sabe y trabaja, incluso es posible que la niegue, trate de olvidarla y procure hacer una vida “normal”. El Dr Jean-Pierre Werner tras no encontrarse bien, se realiza un TAC cerebral. Su médico el Dr Michel Norès del hospital de Mantes-la-Jolie le informa de que tiene un tumor cerebral situado en la región temporal izquierda y que es inoperable. Jean-Pierre pregunta si podría curarse con la quimioterapia de ir todo bien, respondiéndole el médico que sí pero que deben sustituirle y debe dejar de trabajar una buena temporada para recuperarse.

Pero Jean-Pierre no está por la labor de ver suplantado su trabajo por otra persona y continúa con sus rutinas laborales como si tal cosa. Mientras examina su propio TAC entra en escena una mujer entre la niebla de la noche, Nathalie, encarnada por Marianne Denicourt a la que le pide rapidez, ya que era bien caida la tarde y ya había cerrado su consulta. Ella le aclara entonces que no es una paciente, sino la doctora que le va a ayudar, enviada por su compañero el Dr Norès. Ella no había ejercido nunca en un pueblo, aunque sí había hecho prácticas en un hospital donde recientemente había finalizado su residencia. A Jean-Pierre no le cuadra por la edad de la doctora, que le explica que comenzó la carrera tarde y que antes trabajó durante 10 años como enfermera. Tenía experiencia en  estuvo en urgencias pero le atraía trabajar en el medio rural porque conocía la zona cuando iba de vacaciones con su padre. Jean-Pierre no le convence su profesionalidad y le increpa diciendo que no es lo mismo ir de vacaciones que ir a trabajar a un pueblo y que es demasiado idealista, pues la medicina rural no se enseña.

Jean-Pierre no se lo pondrá fácil a la nueva doctora a la que desaprueba por no dejar hablar a los pacientes o poner música en la consulta. La deja que vaya sola a ver al primer paciente, pero éste no la recibe y le dice que prefiere ver al doctor. Ocurren una serie de escenas en la que expone a Nathalie en distintas situaciones rurales, mofándose de ella cuando por ejemplo se siente acorralada por una bandada de ocas o enfadado y reprochando su criterio médico de ingresar a un paciente crónico con múltiples patologías al que él llevaba cuidadosamente tratando en casa desde hacía dos años y al que había prometido no llevar al hospital por mal que estuviese su situación.

Pese a los encontronazos, Nathalie no desfallece y ofrece a Jean Pierre distribuirse el trabajo. Empieza una labor incansable en la consulta y en los domicilios y poco a poco se va ganando la confianza de los habitantes de esa zona rural e incluso del propio alcalde del pueblo. Ofrece ayuda especializada a quien cree que lo necesita y su actitud es siempre cercana con todos.

Nathalie desconoce la patología de su compañero aunque se da cuenta que se come la mitad de un plato o de que un día vino alarmado por un fuerte olor a quemado que no existía. Incluso se percata en una radiografía de tórax de su compañero que tiene unos nódulos pulmonares, pero por respeto no le llega a comentar nada

El Dr Norès atiende a su compañero y le recomienda descansar ya que sus plaquetas han bajado y el tumor parece no remitir. Le recomienda recibir radioterapia que en un primer momento rechaza, pero al ver que sus opciones son escasas acaba finalmente aceptando, viéndose una brillante escena de un tratamiento de estas características con máscara termoplástica incluida.

Algún tiempo después, le muestra el resultado de sus propias imágenes radiográficas a Nathalie, que le dice que no ve nada, observando que el tumor se ha reducido tanto que no aparece ya en el escáner. Ambos lo celebran, pero reciben un aviso urgente al que acuden juntos y sonrientes.

Resulta curiosa cuanto menos la traducción literal del francés como “Un doctor en la campiña”, pues más bien reconocería mas el sentido de la película “Un médico rural”. Como anécdota, en otros países de habla hispana se ha titulado como “Un amigo irremplazable” o “En un lugar de Francia”.

La inspiración de Lilt proviene de su propia experiencia como médico, cosa que hace verosímil muchas de las escenas. Existen también paralelismos con la novela de Sinclair Lewis, el Doctor Arrowsmith, cuyo autor era hijo de médico rural y era consciente de que, además de medicina, un médico rural debía saber de carreteras y caminos sin asfaltar, de orientación local, de psicología y sociología, del trato humano, de saber tener mano izquierda con la gente, de no aplicar dogmas sino resoluciones basadas tanto en el sentido común como en la ciencia. Thomas Lilti, médico antes que director de cine, ha compuesto ésta su segunda película con protagonistas médicos tras la estupenda película Hipócrates lanzada en 2014. Este trabajo enlaza no sólo con el humanismo de Lewis y su adaptador cinematográfico, John Ford, sino también con el de otros grandes novelistas y médico como Mijaíl Bulgákov con  “Diario de un joven médico”, citado expresamente en la película o la película “La ciudadela” de King W Vidor. La América profunda, la Rusia soviética, el Gales de la minería y tuberculosis o la Francia de hoy vienen a ser la misma tierra porque hay algo que las une a través del espacio y de los tiempos: la gente se pone enferma; la gente se muere y ,a veces incluso se cura.

El protagonista es un médico impecable, pero un mal paciente de sí mismo. Lejos de reconocer sus limitaciones, las esconde en un inmenso muro personal que no permite ni siquiera entrar a su propia familia. Paradójica situación nada infrecuente en la vida real en la que los médicos bregamos con más facilidad con los problemas de salud ajenos que con los propios. La interpretación de François Cluzet, sublime como la que recordaremos en Intocable,  o la de Marianne Denicourt que recordaremos en Hipócrates, nos conduce a ambientes familiares y cotidianos, gracias a una cámara en calma llena de dulces miradas no edulcoradas y escenas mesuradas que lo dicen todo sin apenas palabras, aplicando de forma sutil una crítica social, moral e incluso política a la moderna concepción de la Medicina. Una película impregnada de humanismo tan certero como real.

También el director se toma algunas licencias cinematográficas, pues resulta del todo inverosímil que con un tumor cerebral inoperable (probablemente un glioma de alto grado o un oligodendroglioma) continúe trabajando o conduciendo como si tal cosa, produzca nódulos pulmonares o apenas sufra efectos, ni ningún tipo de deterioro o cambio físico. Posiblemente el director quiso llevar la normalización de la vida de un paciente oncológico a la gran pantalla un poco lejos.

De cualquier forma en “Un doctor en la campiña” hay más de realismo que de ficción. Más del lado humano que el propiamente médico y más de apacible, irónico, cómico y campestre relato que de drama cinematográfico. Una gran película que nos conduce a una mirada llena de vida, esperanza y optimismo.

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Radioterapia con control inspiratorio en cáncer de mama 5/5 (8)

La radioterapia representa uno de los pilares en el tratamiento conservador del cáncer de mama. Además de permitir conservar la mama, se ha observado que la radioterapia impacta de modo positivo sobre la supervivencia de las pacientes. Los avances técnicos han permitido, al igual que en otras patologías mejorar la distribución de la dosis de radiación y adaptarse a la peculiar morfología de la mama. Por otro lado, este aumento de la supervivencia del cáncer de mama hace pensar en la hipótesis de que exista una mayor probabilidad de detectar algunos efectos a largo plazo. Históricamente, la dosis de corazón de la radioterapia de mama izquierda se ha asociado con un riesgo de lesión cardíaca. Sin embargo, los datos sugieren que no existe un umbral conocido para determinar y predecir los efectos nocivos de la radiación en el corazón. En los últimos años, los avances técnicos han reducido al máximo esta posibilidad. La radioterapia con control inspiratorio es una técnica que aprovecha la posición más favorable del corazón durante la inspiración para minimizar las dosis cardíacas durante las sesiones de radioterapia.

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Cineterapia oncológica: Los demás días. España. 2017. Carlos Agulló 5/5 (3)

“Los demás días” es un recomendable documental estrenado el pasado mes de Noviembre de 2017 y dirigido por Carlos Agulló que se atreve con ojos sigilosos y valientes, a adentrarse en el día a día de una Unidad de Cuidados Paliativos de la Comunidad de Madrid. Los protagonistas no son actores, sino personas de carne y hueso que generosamente han dejado plasmado en el celuloide su testimonio de vida.

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