Cineterapia oncológica: Un doctor en la campiña. 2016. Francia. Thomas Lilti 5/5 (5)

Un “Doctor en la campiña” es un filme de origen francés dirigido por el médico convertido en cineasta Thomas Lilt que trata de relatar el día a día de un médico rural al que de repente se le diagnostica de un tumor cerebral. Jean-Pierre, interpretado por un veterano François Cluzet  encarna la figura de un médico de un pueblecito al sur de Francia que ejerce su profesión con una abnegación diaria y un humanismo impresionante. Escucha atentamente a sus pacientes, goza de un certero ojo clínico e incluso sabe acompañar y encontrar las palabras justas para cada uno de ellos.

Pero ¿qué ocurre si es el propio médico el que enferma? El médico cuando enferma, no es un paciente al uso. Le cuesta reconocerse en la enfermedad por la que por otro lado tanto sabe y trabaja, incluso es posible que la niegue, trate de olvidarla y procure hacer una vida “normal”. El Dr Jean-Pierre Werner tras no encontrarse bien, se realiza un TAC cerebral. Su médico el Dr Michel Norès del hospital de Mantes-la-Jolie le informa de que tiene un tumor cerebral situado en la región temporal izquierda y que es inoperable. Jean-Pierre pregunta si podría curarse con la quimioterapia de ir todo bien, respondiéndole el médico que sí pero que deben sustituirle y debe dejar de trabajar una buena temporada para recuperarse.

Pero Jean-Pierre no está por la labor de ver suplantado su trabajo por otra persona y continúa con sus rutinas laborales como si tal cosa. Mientras examina su propio TAC entra en escena una mujer entre la niebla de la noche, Nathalie, encarnada por Marianne Denicourt a la que le pide rapidez, ya que era bien caida la tarde y ya había cerrado su consulta. Ella le aclara entonces que no es una paciente, sino la doctora que le va a ayudar, enviada por su compañero el Dr Norès. Ella no había ejercido nunca en un pueblo, aunque sí había hecho prácticas en un hospital donde recientemente había finalizado su residencia. A Jean-Pierre no le cuadra por la edad de la doctora, que le explica que comenzó la carrera tarde y que antes trabajó durante 10 años como enfermera. Tenía experiencia en  estuvo en urgencias pero le atraía trabajar en el medio rural porque conocía la zona cuando iba de vacaciones con su padre. Jean-Pierre no le convence su profesionalidad y le increpa diciendo que no es lo mismo ir de vacaciones que ir a trabajar a un pueblo y que es demasiado idealista, pues la medicina rural no se enseña.

Jean-Pierre no se lo pondrá fácil a la nueva doctora a la que desaprueba por no dejar hablar a los pacientes o poner música en la consulta. La deja que vaya sola a ver al primer paciente, pero éste no la recibe y le dice que prefiere ver al doctor. Ocurren una serie de escenas en la que expone a Nathalie en distintas situaciones rurales, mofándose de ella cuando por ejemplo se siente acorralada por una bandada de ocas o enfadado y reprochando su criterio médico de ingresar a un paciente crónico con múltiples patologías al que él llevaba cuidadosamente tratando en casa desde hacía dos años y al que había prometido no llevar al hospital por mal que estuviese su situación.

Pese a los encontronazos, Nathalie no desfallece y ofrece a Jean Pierre distribuirse el trabajo. Empieza una labor incansable en la consulta y en los domicilios y poco a poco se va ganando la confianza de los habitantes de esa zona rural e incluso del propio alcalde del pueblo. Ofrece ayuda especializada a quien cree que lo necesita y su actitud es siempre cercana con todos.

Nathalie desconoce la patología de su compañero aunque se da cuenta que se come la mitad de un plato o de que un día vino alarmado por un fuerte olor a quemado que no existía. Incluso se percata en una radiografía de tórax de su compañero que tiene unos nódulos pulmonares, pero por respeto no le llega a comentar nada

El Dr Norès atiende a su compañero y le recomienda descansar ya que sus plaquetas han bajado y el tumor parece no remitir. Le recomienda recibir radioterapia que en un primer momento rechaza, pero al ver que sus opciones son escasas acaba finalmente aceptando, viéndose una brillante escena de un tratamiento de estas características con máscara termoplástica incluida.

Algún tiempo después, le muestra el resultado de sus propias imágenes radiográficas a Nathalie, que le dice que no ve nada, observando que el tumor se ha reducido tanto que no aparece ya en el escáner. Ambos lo celebran, pero reciben un aviso urgente al que acuden juntos y sonrientes.

Resulta curiosa cuanto menos la traducción literal del francés como “Un doctor en la campiña”, pues más bien reconocería mas el sentido de la película “Un médico rural”. Como anécdota, en otros países de habla hispana se ha titulado como “Un amigo irremplazable” o “En un lugar de Francia”.

La inspiración de Lilt proviene de su propia experiencia como médico, cosa que hace verosímil muchas de las escenas. Existen también paralelismos con la novela de Sinclair Lewis, el Doctor Arrowsmith, cuyo autor era hijo de médico rural y era consciente de que, además de medicina, un médico rural debía saber de carreteras y caminos sin asfaltar, de orientación local, de psicología y sociología, del trato humano, de saber tener mano izquierda con la gente, de no aplicar dogmas sino resoluciones basadas tanto en el sentido común como en la ciencia. Thomas Lilti, médico antes que director de cine, ha compuesto ésta su segunda película con protagonistas médicos tras la estupenda película Hipócrates lanzada en 2014. Este trabajo enlaza no sólo con el humanismo de Lewis y su adaptador cinematográfico, John Ford, sino también con el de otros grandes novelistas y médico como Mijaíl Bulgákov con  “Diario de un joven médico”, citado expresamente en la película o la película “La ciudadela” de King W Vidor. La América profunda, la Rusia soviética, el Gales de la minería y tuberculosis o la Francia de hoy vienen a ser la misma tierra porque hay algo que las une a través del espacio y de los tiempos: la gente se pone enferma; la gente se muere y ,a veces incluso se cura.

El protagonista es un médico impecable, pero un mal paciente de sí mismo. Lejos de reconocer sus limitaciones, las esconde en un inmenso muro personal que no permite ni siquiera entrar a su propia familia. Paradójica situación nada infrecuente en la vida real en la que los médicos bregamos con más facilidad con los problemas de salud ajenos que con los propios. La interpretación de François Cluzet, sublime como la que recordaremos en Intocable,  o la de Marianne Denicourt que recordaremos en Hipócrates, nos conduce a ambientes familiares y cotidianos, gracias a una cámara en calma llena de dulces miradas no edulcoradas y escenas mesuradas que lo dicen todo sin apenas palabras, aplicando de forma sutil una crítica social, moral e incluso política a la moderna concepción de la Medicina. Una película impregnada de humanismo tan certero como real.

También el director se toma algunas licencias cinematográficas, pues resulta del todo inverosímil que con un tumor cerebral inoperable (probablemente un glioma de alto grado o un oligodendroglioma) continúe trabajando o conduciendo como si tal cosa, produzca nódulos pulmonares o apenas sufra efectos, ni ningún tipo de deterioro o cambio físico. Posiblemente el director quiso llevar la normalización de la vida de un paciente oncológico a la gran pantalla un poco lejos.

De cualquier forma en “Un doctor en la campiña” hay más de realismo que de ficción. Más del lado humano que el propiamente médico y más de apacible, irónico, cómico y campestre relato que de drama cinematográfico. Una gran película que nos conduce a una mirada llena de vida, esperanza y optimismo.

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